miércoles, 1 de julio de 1981

ENTREVISTA A EMILIO EDUARDO MASSERA - 1981

REVISTA EXTRA - AÑO XVII - Nº 193 - JULIO 1981
¿QUÉ QUIERE MASSERA?
Entrevista a Emilio Eduardo Massera

Fue miembro de la Junta Militar que encabezó el Proceso en marzo de 1976. Se llama Emilio Eduardo Massera y se ha transformado en una de las figuras más polémicas y dinámicas de los tiempos que corren. Su notoria actitud crítica frente al desarrollo de un nuevo ciclo histórico, que él mismo contribuyó a generar, lo ubica en una especial posición dentro del escenario político.

Extra: Comencemos por el urticante tema económico. Usted ha declarado en varias oportunidades -y trascendió que lo hizo también cuando era miembro de la Junta Militar- que no está conforme con la marcha del país. En el terreno económico y considerando el nada halagüeño balance que hizo Sigaut sobre la gestión pasada, ¿piensa que deben modificarse no sólo la instrumentación del programa sino también las bases filosóficas que lo inspiraron?

Emilio Eduardo Massera: Muchas veces he dicho que las bases filosóficas que inspiraron el Proceso, comenzado en marzo de 1976, eran suficientemente claras como para permitir edificar sobre ellas un país dentro del cual todos podríamos desarrollarnos armoniosamente; mal podría ahora afirmar que es la filosofía del Proceso lo que ha fallado: lo que falló fue la fórmula política concreta para plasmarla y el divorcio entre estas bases y el programa económico, agravado luego con su contradictoria instrumentación. De no haber mediado la soberbia y falta de permeabilidad a las críticas bien orientadas podrían haberse dado los pasos necesarios para corregir algunos acontecimientos en lo político y por consiguiente en lo económico, y otros serían los resultados.

Extra: Usted ocupó el cargo más alto en la orientación del Proceso que afirmó -y afirma- que no hay plazos sino objetivos. ¿Estima que estos objetivos deben ser cumplidos íntegramente o -frente al carácter utópico de tal premisa- bastará con que ellos se encarrilen?

Massera: En mi respuesta anterior debe encontrar la explicación satisfactoria; pero ampliándola le diré que no creo para nada en el carácter utópico de los objetivos del Proceso. Siempre es posible conseguir aquello que permite dar a un país el destino que se merece. Para ello los responsables de la conducción debe obrar inteligentemente, lo que sobre todas las cosas significa reconocer los errores. Por supuesto esto requiere una gran dosis de humildad. Es posible conseguir penetrar en la idiosincracia de sus habitantes y en sus reales y legítimas apetencias, pero ello no implica un tiempo indefinido sino más bien una idea clara acerca de los caminos que se quieren seguir y de los ideales colectivos a los cuales debe arribarse. La Argentina es un país excepcional; se merece, pues, un destino excepcional. Creo que estamos a tiempo para encarrilar los medios que permitan nuestra realización. No hay contradicción alguna en lo que he afirmado siempre, pero lamentablemente cada día que pasa seguimos perdiendo terreno, seguimos sembrando escepticismo, seguimos equivocándonos de rumbo. Hace tiempo que conozco lo inútil de ciertas reflexiones negativas, de tal manera le digo, como argentino, que luchar es lo único que queda junto a la esperanza de que estamos a tiempo.

Extra: ¿Se ha visto obligado a replantear algunos de sus pensamientos políticos frente a la experiencia vivida desde marzo de 1976 y -fundamentalmente- como "hombre de gobierno"?

Massera: Naturalmente. La vida nos enseña que a menudo es preciso replantear no sólo pensamientos sino circunstancias que hacen al vivir diario. Sin embargo le diré que en lo fundamental me he mantenido fiel a lo que creía en 1976; he tratado de cumplirlo y hacerlo cumplir cuando formaba parte de la Junta Militar y ahora como ciudadano muy interesado en el logro de ideales que satisfagan a la colectividad.

Extra: Hace unos meses usted expresó que tenemos que empezar a preguntarnos "qué país somos, qué país queremos y cómo podemos obrar para alcanzarlo". Habida cuenta de que han transcurrido cinco años del Proceso, ¿podría estimarse que ese lapso ha sido más que prudencial para dar forma a los interrogantes que usted propone? ¿Cuál serían las primeras medidas que debería tomar la conducción política para lograrlo?

Massera: Cinco años son un lapso importante no sólo para el transcurso de los problemas individuales sino también para las vicisitudes de la vida de la sociedad; aun considerando que los males argentinos venían de larga data y era de suponer que tomaría tiempo corregirlos. Por eso, si afirmara que en cinco años los problemas argentinos podrían haber tenido una salida satisfactoria, eso no variaría el hecho de que en algunas cosas estamos a fojas cero; en otra, a media marcha, y el resto en una contramarcha total. Tampoco sirve lamentarse, de ahí que es preferible que le explique cuáles serían las medidas que tomaría personalmente en la conducción política para lograrlos: escuchar con voluntad de diálogo a todos los sectores nacionales y lograr una convocatoria o al menos sentar las bases de una especie de credo alrededor del cual converjan la mayor cantidad de opiniones posibles.

Extra: La suspensión de la actividad política provocó el congelamiento de las autoridades orgánicas en todos los partidos. La gente comenta "siempre están los mismos". ¿Cree necesario una reorganización profunda de los partidos desde la renovación de los padrones partidarios?

Massera: Sí. Creo necesaria la reorganización de los partidos, no porque descrea de la capacidad de sus actuales dirigentes sino porque en todos los órdenes de la vida argentina es preciso dar oportunidad a los representantes de otras generaciones, dar paso a otras ideas, verificar las estructuras tradicionales.

Extra: Se oye hablar de un movimiento de opinión que "acompañará" la gestión del Proceso, fundamentalmente en su fase final. ¿Cuál es su juicio al respecto?

Massera: Si eso se refiere a la formación de un partido oficialista le digo que no. En primer lugar porque el Proceso no puede confundirse exclusivamente con una praxis y, además, por que aunque los principios del Proceso sean compartidos por un movimiento de opinión es muy posible que éste tenga cabida en los grandes partidos políticos ya formados a los que pudieran formarse, sin que se tiñan con un matiz de oficialismo siempre contraproducente.

Extra: El ejercicio del gobierno -constitucional o no- provoca un natural desgaste. Frente al actual proceso, ¿piensa usted que las Fuerzas Armadas -cada vez con mayor énfasis- deben procurar la participación civil?

Massera: Admito el desgaste que provoca el ejercicio del gobierno y no lo deseo para las Fuerzas Armadas. Pero no es ése el motivo por el cual debe procurarse la participación civil, sino porque la antinomia civiles - militares es perniciosa y absurda. Civiles y militares somos todos argentinos, de tal manera que debe procurarse la participación de los primeros, no en virtud del desgaste de los militares, sino porque unos y otros deben trabajar juntos para el bien del país. Ambas perspectivas son diferentes pero complementarias. En su conjunción está la clave, no en su competencia, como sectores interesados pretenden.

Extra: ¿El almirante Massera es un hombre ambicioso?

Massera: Yo creo que todos los argentinos debemos ser ambiciosos si lo que se trata es del bien común de nuestro país. ¿Acaso todos no queremos progresar en el trabajo?, ¿que nuestra mujer y nuestros hijos vivan mejor?, qué nuestra vida signifique algo más en este dificultoso tránsito de a la vejez y no contentarnos con vivir en la superficie dejando que se escapen las mejores y más ardientes circunstancias de la vida? Todo lo expresado constituye una sana ambición, pero ocurre que se ha tergiversado el sentido de un calificativo que significa simplemente la capacidad de un hombre de poner en funcionamiento sus mejores cualidades y su fuerza para realizarse y para permitir la realización de los demás. Si releyendo lo anteriormente expresado todo le parece una exposición de concepciones ambiciosas, así será. Pero yo lo veo como una compulsión muy justificada en la difícil vida contemporánea. Mi fundamental ambición es que el país no pierda su dimensión y proyección de futuro en el concierto de las naciones. Mi ambición es que el país no pierda su estatura de país ante los problemas de coyuntura, que luego de cinco años siguen sin resolverse.

Extra: Usted se ha situado en una posición crítica frente al Proceso. Suponemos que no es una posición "fácil" para un hombre que ha sido parte de él. ¿Cómo vive personalmente esta situación?

Massera: La vida en la madurez no es fácil para nadie. Tampoco fue fácil para mi sostener una posición de dureza crítica frente a quienes han sido, son y serán amigos y compañeros. Pero una cosa es mi sentir personal y otra mi obligación como hombre de armas y como ciudadano empecinado en logra lo mejor para el país. Viví con sinceridad y con responsabilidad la etapa crítica cuando estaba en la Junta Militar y no cambié en absoluto cuando salí de ella.

Extra: La generación de jóvenes de 25 a 40 años ha vivido un país de "promesas incumplidas". ¿Qué podemos hacer frente a su desencanto? ¿Cuál es su preocupación?

Massera: Créame: el desencanto no es solamente de aquéllos cuyas edades fluctúan entre los 25 y 40 años. También hay desaliento en los mayores y falta de incentivos en los menores de edad. El movimiento que propicio intente dar oportunidad a todos: a los jóvenes, a los adultos y a los que pertenecen a la mal llamada clase pasiva. Nuestro país será reconstruido entre todos y para todos. En esa tarea está comprendido todo cuanto yo pueda hacer.

Extra: ¿El almirante Massera se incorpora definitivamente a la vida política nacional? ¿Qué debe esperar de él la Argentina política?

Massera: Creo que por ahora estoy actuando como un ciudadano al que le interesa sumarse a las corrientes cuyo dinamismo permiten entrever alguna salida para la crisis que vivimos todos. Y desde ese punto de vista, si mi capacidad, por modesta que sea, sirve a los intereses nacionales puede esperarse de que contribuya a la afirmación de la democracia, de la justicia, de la libertad y de la solidaridad. Premisas que han sido fundamentalmente en cada una de mis manifestaciones públicas. Yo he tenido coherencia entre mi pensamiento, las palabras que he pronunciado y mi conducta. Todo ha estado matizado por esa gran pasión argentina que a veces, cuando nos ponemos a reflexionarnos llega desde la época en que leíamos a Eduardo Mallea. U Usted recordará "Historia de una pasión argentina...". Si recuerda también la esencia del relato comprenderá que esa pasión sobrevive hoy en gran parte de los argentinos que pretendemos ser responsables.

Extra: Es probable que la industria que mejor funciona en la Argentina es la del rumor. Usted, como figura política, como hombre de gobierno, la conoce. ¿Los argentinos somos destructivos por vocación? ¿O los rumores son consecuencia lógica de la confusión e indefinición?

Massera: Es posible que los argentinos tengan algún matiz autodestructivo. Está en la esencia de los españoles y de los italianos, cuyas sangres generosas alimentaron en gran medida las corrientes inmigratorias. También Italia y España han sido y son países trágicos de los que quizás heredemos ese matiz pernicioso al que alude usted y aludo yo en el principio de la respuesta. Pero hay situaciones como las que atraviesa ahora el país en que sería milagrosos que alguien no tuviera una actitud escéptica. Ese escepticismo no podemos cargarlo en la mala cuenta de los argentinos. En cuanto a los rumores, son también producto de la indefinición con que se manejan desde las altas esferas la economía y la política, de la ambigüedad con que se manifiestan sus principales personajes. Yo soy un decidido partidario de la creencia de que la culpabilidad la tiene raramente el pueblo, sino casi siempre quienes -para bien o para mal- rigen sus destinos. Mire: le diría que en nuestro país hace falta tomar al toro por las astas, es decir, sin dejar de reconocer la grave situación económica que debe ser corregida, dar un principio de solución política evitando una vez más la trampa organizada o no que se tendió numerosas veces a los hombres y mujeres argentinos. La libertad de expresión, la voluntad de diálogo, la coherencia ideológica tienen que levar fatalmente al logro político. Y ésas son las dos cosas fundamentales sobre las que hay que ponerse con alma y vida, sin perder más tiempo desde ahora. Naturalmente no se pueden descuidar la educación, la salud, ni la cultura. Fíjese qué tremenda responsabilidad; es en esas empresas donde se mide la calidad de los hombres. Sería inteligente proponerse metas modestas, irlas cumpliendo y proponerse otras de tal manera de no perderse en sueños de grandeza y sí en logros satisfactorios para todos. Esa es mi tarea y lo invito a usted y a todos los que me lean a seguir este ejemplo: metas a proponerse y trabajo. Esta es la base de todos los milagros.
Bernardo Neustadt

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Si desea enviar un mensaje a Bernardo Neustadt puede hacerlo escribiendo a bernardo.neustadt@gmail.com

1 comentario:

parapiti pora dijo...

PARAGUAY: VIDELA SÍ, CHÁVEZ NO
Mientras en los países de la región los Derechos Humanos y la libertad de pensamiento van ganando terreno e incluso sirven de plataforma a los políticos para captar votos, los émulos del senador Mc Carthy en Paraguay, capitaneados por el propietario del diario ABC color Aldo Zucolillo, han retrocedido medio siglo en el tiempo que mide el contexto internacional, en un país en el que sólo basta alejarse unos 15 kilómetros de la capital para volver del mundo contemporáneo a la prehistoria, pasando por el modernismo, la edad media y el mundo antiguo. Es lo que se deduce del desmesurado espacio que vienen dedicando a satanizar a Hugo Chávez y a su política exterior, llegando al extremo de escrachar con fotos e infografías a supuestos simpatizantes paraguayos de la revolución bolivariana.
Nada más natural en un medio donde los políticos que hablan de derechos humanos pierden intención de voto entre el electorado, y la popularidad sube cuando más mano dura prometan.
Para honrar la memoria, debemos puntualizar que no siempre la prensa paraguaya se mostró tan susceptible a las amenazas a las libertades públicas de la región, sobre todo en tiempos en que los dictadores se asemejaban más al prototipo promovido desde el norte que a sus propios pueblos. Nadie se escandalizó en el periodismo libre cuando el General Alfredo Stroessner visitó Venezuela en junio de 1957 para estrechar vínculos con el dictador militar del país caribeño, General Marcos Pérez Jiménez, en tiempos en que ambos subproductos de la política exterior estadounidense concedían graciosamente tajadas del espectro radioeléctrico a sus adulones. Para que no queden dudas sobre el carácter marcial de su visita, Stroessner se alojó en el local del Círculo de las Fuerzas Armadas de Venezuela, en Caracas.
Un par de décadas más tarde, un 20 de abril de 1977, era recibido por Stroessner con los honores correspondientes, el Teniente General Jorge Rafael Videla, quien llegaba al Paraguay acompañado de su esposa Alicia Raquel Hartidge. A la noche se llevó a cabo una recepción de gala en el Palacio de Gobierno de Asunción, donde no faltaron los pundonorosos y austeros luchadores por la libertad de expresión, que aún no habían sido seleccionados por la embajada norteamericana como propagandistas de la democracia tutelada. Es conocido que la National Endowment for Democracy , la USAID y la CIA se abocarían a fabricar entre ellos a bien remunerados disidentes y “luchadores por la democracia” en el crepúsculo del régimen militar paraguayo.
Al conocerse a principios de marzo en Asunción la próxima visita de Videla, ABC color publicaba su recordado editorial donde criticaba al presidente Jimmy Carter por su énfasis en la promoción de los Derechos Humanos y defendía al proceso argentino sentenciando que al presidente norteamericano le era muy fácil pontificar lejos del problema. Por las mismas fechas eran apresados en Asunción Alejandro José Logoluso y Marta Landi, entregados a los sicarios de Videla por las fuerzas represivas paraguayas. Los grupos de tareas de Pastor Coronel tampoco se apiadarían de José Nell, paralítico desde que recibió una bala en los disturbios desatados en Ezeiza por el retorno de Perón.
El 28 de enero de 1999 Hebe de Bonafini pidió a Baltasar Garzón que solicite la extradición del dictador Stroessner, presentando documentos tales como una ficha policial de la Dirección de Registro de Extranjeros paraguayos de la desaparecida argentina Dora Marta Landi Gil, que está fechada en Asunción en marzo de 1977; una tarjeta del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social de Marta Landi, que está registrada en Asunción el 10 de marzo de 1997; y un informe de la policía de Asunción, donde se notifica que Marta Landi (argentina), Alejandro José Logolusso (argentino), José Nell (argentino) y otros han sido expulsados del país. Este informe policial está fechado el 16 de mayo de 1977. Entre los documentos, también destacan un registro de vuelo en el que se acredita que, el 16 de mayo de 1977, el capitán de corbeta José Abdalá, (alias Turco) trasladó a Landi Gil y a su compañero, Alejandro José Logolusso, de Asunción a Buenos Aires.
El destino de todas estas personas, embarcadas en el vuelo del que jamás regresarían, con seguridad poco importan a Zucolillo y otros paladines de la democracia sin chavismo, ayer tan ocupados en recibir las mieles de la proximidad al poder dictatorial, como hoy en sostener su autocomplaciente y fantasmática reputación democrática, aún al precio de buscar sombras en el cuarto oscuro de su conciencia. LUIS AGÜERO WAGNER.