viernes, 1 de abril de 1983

ENTREVISTA A RAÚL ALFONSÍN - 1983

REVISTA EXTRA - AÑO XVIII - Nº 214 - ABRIL 1983
"VOY A LLEGAR Y... VOY A GANAR"
Entrevista a Raúl Alfonsín

No tenía aspecto de cansado pero, si se tiene en cuenta la vertiginosa actividad de sus días, uno puede suponer que sí lo está. Giras interminables, comités que a lo largo y lo ancho del país se disputan su presencia, discursos, comidas, agasajos, reuniones partidarias y, como si todo ello no bastara, una legión de periodistas que pretenden entrevistarlo y esperan pacientemente en la antesala del viejo estudio de la calle Santiago del Estero. Raúl Alfonsín atiende todos los reclamos y contesta con calidez, disimulando el tedio, una y otra vez las mismas preguntas. Pidió a EXTRA disculpas por la demora -apenas cinco minutos, justo es decirlo- y se desplomó en el sillón de su despacho poniendo de manifiesto su cansancio. Fuera de todo programa, sale disparada la primera pregunta: "Y llegará, doctor?". Alfonsín sonríe y afirma con un gesto de complicidad: "Voy a llegar y voy a ganar". Al auspicio de esa frase de optimismo, empezó el reportaje que EXTRA ofrece en estas páginas.

Extra: A pesar de que ha sido criticado por ello, no hay dudas que una parte del éxito de su campaña se debió a la anticipación. ¿Ha tenido en cuenta el desgaste lógico que eso significa?

Raúl Alfonsín: No estoy de acuerdo con esa observación. Pienso que el éxito se debe a que la propuesta es buena. Y además no nos anticipamos...

Extra: En todo caso fue el primero en lanzar una precandidatura. Un publicitario nos decía hace poco en una entrevista que en las carreras de 5.000 metros no es conveniente salir adelante...

Alfonsín: Vamos a ver si esta es de 5.000... Se me ocurre que las metáforas, en este caso, no importan mucho. De todos modos, el hecho de haber ganado tiempo nos permite difundir nuestras creencias y eso es lo que nos interesa. Lo fundamental es hacer docencia con nuestras ideas e informar al pueblo acerca de lo que pensamos y queremos para el país. La competencia, en última instancia, tiene que hacerse sobre la base de quién da el mejor mensaje y quién ofrece las mejores soluciones.

Extra: Sin desestimar la importancia que en la actividad política tiene el liderazgo personal, pareciera que su campaña ha sido, hasta ahora, casi una empresa unipersonal.

Alfonsín: No es así.

Extra: ¿Ha dado a conocer, acaso, su equipo de colaboradores?

Alfonsín: Tenemos un muy buen equipo de colaboradores y lo estamos mostrando permanentemente. Junto a nosotros recorren el país economistas distinguidos del partido, sanitaristas; en fin, creo que el pueblo conoce quiénes son nuestros colaboradores. De todos modos, le anticipo que vamos a procurar hacer audiciones con todos ellos: vamos a exhibirnos con nuestros especialistas.

Extra: Se suele decir que por un viejo resentimiento hacia los militares, los radicales desconocen la realidad de las Fuerzas Armadas. ¿Cuánto de cierto hay en esa afirmación? ¿Usted es partidario de rever esa actitud?

Alfonsín: Personalmente creo que conozco la realidad de las Fuerzas Armadas y estoy convencido de que digo una verdad cuando afirmo que una enorme proporción de militares lo que más desea es volver a los cuarteles. Y lo digo con absoluta seriedad.

Extra: Hay mucha gente, sin embargo, que no está dispuesta a apostar a favor de un período presidencial completo. La experiencia pasada justifica el temor a futuros golpes...

Alfonsín: Mire, civiles y militares hemos aprendido muchas lecciones. Venimos de derrotas tremendas. La derrota de la aventura de la guerrilla, la del populismo en su momento, la nuestra, la del proyecto imperial, la del proyecto elitista. Si uno las analiza en profundidad advierte que la única solución que nos va quedando es la de una democracia con poder. Y para lograrla hay que hacer una alianza con los sectores del trabajo, los de la producción y las Fuerzas Armadas. A estas últimas las vamos a invitar a que sean protagonistas en un nuevo proceso democrático con poder.

Extra: ¿En qué va a consistir exactamente, esa invitación?

Alfonsín: Les pediremos que rompan las alianzas con las minorías y las invitaremos a que se sumen a los requerimientos mayoritarios. Desde luego, también significa que tendrán capacidad de mando en el Poder Ejecutivo que consagre el pueblo.

Extra: Usted habló recién de democracia con poder. También se habla mucho, en los últimos tiempos, de democracia social. Muy pocos, sin embargo, la han definido con precisión. ¿Qué significa para usted?

Alfonsín: El radicalismo ha abogado siempre por la democracia social. No es otra cosa que la de considerar al ciudadano, además de cómo sujeto de derechos, prerrogativas y libertades individuales, también en el marco de una sociedad en la que deben afianzarse derechos sociales, como una manera de que la libertad que se proclama no quede en aspectos formales, sino que se traduzca en justicia social.

Extra: A su partido suele criticársele también el lenguaje. Se dice que la retórica lo ha alejado del pueblo. ¿Usted qué opina?

Alfonsín: Algunos dirigentes son un poco retóricos, pero no es un defecto que pueda achacársele al radicalismo: el radicalismo es reforma.

Extra: Su idea del "tercer movimiento" ha recogido muchas críticas. Nos gustaría que la precise para evitar malentendidos...

Alfonsín: Creo que no podemos seguir levantando la bandera de la libertad por un lado, y por el otro la de la justicia social. Ninguna de las dos alcanza por sí sola. El radicalismo, desde luego, ha pretendido enarbolar las dos, pero no ha podido convertirse en movimiento. Acaso ello haya sido así por que no advirtió el nacimiento de la sociedad industrial, algo de lo que sí se percató Perón. Los argentinos hemos tenido dos corset que han limitado nuestro crecimiento. Uno de ellos, en el campo del capital, es la especulación. Que ha frenado la economía y ha conspirado contra la estabilidad política. Y logró paralizar al país cuando colocó a las finanzas como destinatarias exclusivas de los esfuerzos del trabajo y de la producción. Pero hay otro corset, en el campo del pueblo, ciertos componentes autoritarios y demagógicos en el movimiento popular. La superación de ambos, que dicho sea de paso se realimentan recíprocamente, implica la creación de un movimiento popular, democrático, racional, reformista, transformador en serio y capaz de dar la batalla contra el privilegio. Esto no significa fusión de partidos políticos, sino que cada uno, desde el suyo, conforme ese movimiento y haga que la competencia sea grande y con mayúscula, para que el que tenga la mejor propuesta esté en condiciones de liderarlo. Por supuesto que aspiramos a que gente de otros partidos se incorpore a nuestra línea. Ya no estamos en la época de Irigoyen, cuando sí era lícito decir que todo aquello que no era radical podía tildarse de "regiminoso".

Extra: Es probable que las críticas a su idea del movimiento, por lo menos dentro del partido, hayan surgido porque usted propicia la incorporación de gente de otras corrientes políticas...

Alfonsín: Sin duda. Con cierta soberbia, algunos siguen pensando que es necesario que a la UCR ingresen radicales puros de pedigree. Ni siquiera están dispuestos a aceptar puros por cruza. Y eso es un absurdo político. Porque tenemos que pasar de un partido que no ha sido mayoría, a uno que sí lo sea.

Extra: Entre las cosas que conspiran contra la democracia hay que destacar las tendencias corporativas, que trascendiendo su legítimo papel de reivindicadoras de los intereses sectoriales, han terminado por desplazar el rol de los partidos políticos. ¿Usted está de acuerdo en subrayar la importancia de ese peligro?

Alfonsín: Totalmente. En los momentos de desenlace -y este es uno- aparecen las tentaciones corporativas, y sobre todo la vieja tentación fascista de alianza entre militares y sindicalistas.

Extra: ¿Y cómo se podría neutralizar ese peligro?

Alfonsín: Es la lucha permanente de las democracias. Aquí, en este momento, habría que exigir que las normalizaciones sindicales se hagan de manera democrática: de abajo hacia arriba. No se puede vivir en democracia si no hay un sindicalismo fuerte, capaz de representar como corresponde los intereses de los trabajadores. Pero tampoco puede haber democracia si no hay un sindicalismo democrático.

Extra: Siempre se les ha reprochado a los políticos argentinos cierto "provincialismo". Pero cuando alguno de ellos sale del país, de inmediato despierta recelos y suspicacias. Después de su gira, las críticas se centraron en usted. Y además de ser tildado de izquierdista, arreciaron los rumores de que su campaña sería financiada por partidos europeos y hasta norteamericanos. ¿A qué atribuye esta actitud?

Alfonsín: Por lo menos en mi caso, lo atribuyo al hecho mismo de la competencia. Se ha dicho cualquier cosa. Por ejemplo que fui a pedir ayuda; y en realidad he dicho que no podemos seguir ayudando.

Extra: ¿Cómo que no podemos seguir ayudando?

Alfonsín: La necesidad que tenemos de reclamar la democracia argentina a las democracias del mundo es evidente. No es cierto que estemos frente a un desprestigio argentino. Hay un desprestigio de la dictadura y tenemos que lograr solidaridades de las democracias para con la democracia que va a venir. Desde luego que no adhiero totalmente a la teoría de la dependencia, porque ello implica absolver culpables internos, pero el fenómeno existe. En el caso del Norte contra el Sur, y particularmente en el problema latinoamericano, sabemos perfectamente que hay inestabilidad política en primer lugar por nuestra culpa, pero también hay componentes que vienen de afuera. El hecho de la discriminación que se produce en el comercio exterior, por ejemplo, impide muchas veces obras de estructura económica que se traduzcan en expectativas insatisfechas y originan el péndulo trágico que nos hace ir de gobiernos civiles a militares. Eso es lo que hemos ido a decir a Europa. Que agradecemos la solidaridad que se ha puesto de manifiesto en cuanto a los derechos humanos, pero que es una solidaridad "post mortem". Y que la democracia muere porque ellos no han tenido la solidaridad que deriva de no haber impedido el deterioro de los términos de nuestro intercambio y posibilitado la colocación de nuestros productos en sus mercados.

Extra: Mirando hacia el futuro, ¿cómo estima usted que se puedan impedir las rupturas institucionales?

Alfonsín: Hay que partir de la base de la madurez a la que hemos arribado. Lo más importante es la revalorización de la democracia. El obrero de una fábrica pensaba que la democracia no tenía nada que ver con su vida cotidiana; ahora sabe que sí. Sabe lo que es perderla en términos del pan que debe comer todos los días. El empresario pensaba que la democracia era un estorbo. Ahora intuye lo que significa perder los foros que le brinda para la defensa de sus intereses legítimos. El intelectual también. Ahora sabe la diferencia que hay entre la democracia política y la dictadura: en algunos casos es la diferencia entre la vida y la muerte. Todo el mundo ha comprendido que la solución de sus problemas pasa por la recuperación de sus derechos y sus libertades. Pero no basta con la madurez. Hay que hacer una alianza con los sectores de la producción y del trabajo. Porque tenemos que afirmar la justicia social sobre la base de un crecimiento económico y contar con un protagonismo de las Fuerzas Armadas. Y a estas últimas no las queremos en el limbo. Las queremos para dar la batalla del desarrollo y de la democracia en el país.

Extra: Otro tema fundamental en el próximo período constitucional será el desmantelamiento del aparato represivo. ¿Le preocupa a usted ese tema?

Alfonsín: Estamos estudiándolo. No creo que reaparezcan brotes subversivos, pero de todos modos estamos analizando las legislaciones italiana, alemana, española, con el objeto de estar en condiciones de defender a la sociedad de una agresión de este tipo, en el marco de la ley y de los derechos humanos, sin tener que recurrir al estado de sitio.

Extra: Hay quienes opinan que, dada la magnitud de los problemas del país, éste sólo podrá ser gobernado si se establece una suerte de pacto o acuerdo. Algunos, incluso, hablan de un gobierno de coalición. ¿A usted le parece que ello es posible?

Alfonsín: Son dos cosas distintas. En primer lugar, la idea de coalición da idea de transacción. Yo creo que hay que levantar banderas de unión nacional y buscar comunes denominadores que permitan al pueblo argentino definir objetivos nacionales. Luego ir a las elecciones y posteriormente gobernar con quienes coincidan con esos objetivos, sin preguntarles de qué partido vienen. Usted se ha referido también a lo que podría ser un compromiso, un pacto social. Estoy persuadido de que tendremos que llegar a él para definir, por un lado, cuáles van a ser las formas de acumulación necesaria para la reconstrucción de la economía -donde vamos a tener en cuenta también al sector del trabajo-, y cuáles las pautas de redistribución indispensables para dar respuesta a requerimientos de justicia social.

Extra: Vayamos a puntos concretos de su propuesta de gobierno. Si a usted le parece bien, empezaremos por la educación. ¿A su juicio es un problema que se soluciona con mayor presupuesto, o cree que además hacen falta cambios estructurales?

Alfonsín: Es necesario volver a las viejas partidas presupuestarias, que en nuestro gobierno estaban muy cerca de los reclamos de la UNESCO. Y hay que hacerlo, en primer lugar, por una razón de tipo moral: la justificación filosófica de la democracia pluralista está dada por los esfuerzos que se realicen para concretar la igualdad de posibilidades y la movilidad social vertical, que por otra parte es la mejor inversión para el desarrollo. Todavía no tenemos conclusiones definitivas en la comisión que está analizando este tema, pero mi "feeling" es que se debería aumentar a diez años la obligatoriedad escolar, con un bachillerato mucho más intensivo. Me gustaría que hubiera también un consejo de enseñanza secundaria. Y en cuanto a la Universidad, por lo pronto, desaparecerían los cupos y los aranceles. Lo ideal sería que tampoco hubiera exámenes de ingreso, pero como todavía estamos estudiando el tema, no sé si me puedo comprometer a eso en todas las facultades.

Extra: En el rubro de la política exterior, ¿la Argentina tiene que seguir perteneciendo al bloque de los países No Alineados?

Alfonsín: En el gobierno de Illia, siendo ministro de Relaciones Exteriores Zavala Ortiz, la Argentina ingresa como observador en los No Alineados. Pienso que debemos seguir como estamos, ahora ya como miembro pleno, para defender allí los valores de Occidente, pero atendiendo mucho más a América Latina.

Extra: ¿Usted cree que vamos a recuperar las Malvinas con el apoyo de los No Alineados o a través de la negociación con Inglaterra y sin descontar la influencia de los Estados Unidos?

Alfonsín: Las vamos a recuperar con la gestión que la democracia argentina realice en todos los frentes y en los diversos foros internacionales. No creo que Occidente se asuste porque nosotros pertenezcamos a los No Alineados. Se asustan los reaccionarios argentinos, los soberbios, los que tienen miedo de que nos "oscurezcamos". Los que quieren seguir siendo los "carapálidas" de América Latina.

Extra: El otro tema es el de la reactivación del aparato productivo.

Alfonsín: Por razones que hacen a la justicia social, y también por razones del sector externo y problemas de la deuda, tenemos que aumentar sustancialmente nuestra producción, tanto en la industria como en el agro. En la industria existe la dificultad adicional de la falta de disponibilidad de divisas para la importación de bienes de capital, pero su recuperación podrá efectuarse porque hay capacidad ociosa. Entonces habrá que actuar con medidas heterodoxas y con una categórica orientación del crédito, para definir el sistema económico capitalista mixto con el cual el país ha crecido. Capitalista en cuanto no proponemos la socialización de los medios de producción, y mixto porque requerimos un planeamiento del Estado y el manejo de los instrumentos fundamentales, de manera democrática, también por el Estado.

Extra: Vayamos entonces a las medidas concretas...

Alfonsín: Primero: una correcta política arancelaria. No para premiar al productor por su ineficacia, sino para suplir las fallas estructurales de la economía argentina. Segundo: un sistema de promoción industrial accesible a la pequeña y mediana empresa, y a las que estén radicadas en el interior de la República. Reglas claras y con sentido de permanencia en el tiempo, de manera que el capital de riesgo sepa realmente a qué atenerse. Tercero: una política tributaria que aliente la reinversión y una política crediticia que libere al empresario de la usura oficializada.

Extra: ¿Y con respecto al agro?

Alfonsín: Tenemos que jugarnos sobre todo en granos y producir un aumento sustancial de nuestras exportaciones. También aquí está previsto un paquete de medidas: investigación científica y tecnológica -devolver al INTA las partidas que tiene que tener-; uso masivo de fertilizantes a través de líneas de redescuento -si esto se produjera, en dos o tres años será rentable una planta de nitrogenado, que construiremos utilizando el gas que actualmente venteamos-; precio sostén; presencia de la Junta Nacional de Granos -que tiene que estar preparada para entrar y salir del mercado-; parar la liquidación de CAP y mantener el frigorífico "Cuatrero", de Bahía Blanca como testigo del comercio exterior, sobre todo ahora que Deltec se está empezando a quedar de nuevo con los frigoríficos argentinos; política tributaria que no recaiga sobre la producción; política crediticia que sea accesible a través de líneas de redescuento del Banco Central.

Extra: Nos gustaría que precise sus opiniones sobre el tema de la deuda externa.

Alfonsín: La deuda externa y sus intereses recaerán durante muchos años sobre todos los argentinos. Por eso es necesario que las investigaciones en marcha determinen y hagan público: quiénes fueron los deudores, quiénes los que prestaron, quiénes los intermediarios y qué comisiones e intereses se pactaron, con mención de los beneficiarios, por lo menos en las operaciones de las que eran parte del Estado directamente, o a través de las empresas públicas.

Extra: En una oportunidad usted dijo que se debía pagar sólo la deuda legítima. ¿Qué se entiende por ello?

Alfonsín: Es claro que por imprudente que haya sido la política aplicada, el Gobierno y las empresas públicas no pueden menos que hacer frente a la deuda contraída, pues no pueden trasladar esa responsabilidad a los funcionarios que la decidieron, sin perjuicio de sancionar, por la vía que corresponda, la conducta en el ejercicio de las funciones. Pero en cuanto a los casos de empresas y personas privadas, para los que hubiera presunción de que la deuda externa es ficticia -porque al mismo tiempo que se endeudaron realizaron transferencias no especificadas-, el tema es diferente porque habría complicidad del acreedor.

Extra: ¿Y qué habría que hacer en esos casos?

Alfonsín: Esas empresas o personas no deberían recibir divisas para pagar sus deudas, a menos que justifiquen las deudas y hagan declaración jurada de que no tienen depósitos de contrapartida para las deudas que intenten pagar. Para asegurar que sea fehaciente, esa declaración deberá ser conformada por la entidad acreedora y certificada por un contador público, sin perjuicio de las investigaciones administrativas que se realicen en los libros de los deudores.

Extra: ¿Usted es partidario de que los países latinoamericanos se unan para negociar en conjunto sus deudas?

Alfonsín: Sí, deberíamos unirnos para negociar nuestros problemas financieros y establecer en los foros internacionales mecanismos para una consideración de los mismos, compatible con la necesidad de acelerar el desarrollo económico y social de la zona.

Extra: En el tiempo que queda de transición, ¿de qué manera pueden los sectores democráticos conseguir que el Gobierno ejecute sus propuestas?

Alfonsín: El problema de todos los sectores democráticos es saber cómo se pueden imponer un conjunto de metas factibles y necesarias, que definan una clara política de transición a través de una estrategia que permita actuar sobre el Gobierno, pero independientemente del Gobierno. Es decir, hay que escapar de la tentación superficial de elaborar planes como si el Gobierno no existiera y, al mismo tiempo, se deben evitar las confusiones y complicidades reñidas con la esencia misma del contenido de nuestros reclamos democráticos. Esta acción sólo puede lograrse poniendo el acento en la idea de la movilización, porque únicamente la fuerza del reclamo popular organizado puede lograr las modificaciones requeridas durante la transición. La movilización debe expresar la actitud ética necesaria para superar el pasado y el deterioro político y moral del régimen. Debe mostrar capacidad práctica para traducir el reclamo en presión, y capacidad técnica en la elección de los instrumentos idóneos, que hagan efectivos los cambios requeridos.

Extra: ¿Cómo evitar que la movilización se agote en la agudización del conflicto?

Alfonsín: Conjugando oposición con construcción. No sólo se trata de oponerse el régimen, sino de reconstruir la sociedad argentina.

Extra: Si lo que hay que superar es la contradicción entre la política posible y la política necesaria, ¿cuál es el campo de acción que usted imagina?

Alfonsín: Hoy más que nunca, debemos tener presente que en la acción política es igualmente erróneo triunfar claudicando de los principios que la guían, como preservar los principios sin triunfar. La acción política es ante todo una acción transformadora de la realidad. Si concertamos, matamos la democracia. Si nos mantenemos pasivos, no llegaremos a la democracia. Teniendo esto presente, las rectificaciones y garantías indispensables para asegurar la transición y que deben, a nuestro juicio, ser objeto de discusión con el poder, son las siguientes: desmantelamiento de los grupos paramilitares y parapoliciales, y supeditación total de los organismos de seguridad al Presidente; levantamiento del estado de sitio y libertad de los presos por causas políticas o gremiales; eliminación definitiva de la tortura y de todo tipo de apremios. En cuanto al campo social y económico, las medidas a ser concretadas en el más breve plazo son las siguientes: normalización democrática de sindicatos y obras sociales; racionalización del gasto público para atender a las prioridades en salud y educación, utilizando como criterio básico la reducción del gasto de defensa; modificación inmediata de la política financiera para terminar con las maniobras especulativas; puesta en marcha de una efectiva política antiinflacionaria; reactivación de la demanda y aumento del poder adquisitivo de los asalariados; y finalmente dar a conocer la información atinente al origen de la deuda externa, a su renegociación y refinanciación.
Bernardo Neustadt

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viernes, 1 de octubre de 1982

ENTREVISTA A CARLOS SAÚL MENEM - 1982

REVISTA EXTRA - AÑO XVIII - Nº 208 - OCTUBRE 1982
¿DURO YO?
Entrevista a Carlos Saúl Menem
Es uno de los dirigentes más polémicos del país. Ni su imagen física –deliberadamente entroncada con la tradición caudillista- ni sus declaraciones suelen pasar inadvertidas. Estuvo en la cárcel y ahora regresa a la arena política. En este reportaje, Menem habla de todo: verticalismo, Isabel Perón, dedocracia, investigaciones, subversión, López Rega, el Proceso y la Constitución de 1853. ¿El resultado? Un material para leer y discutir.

Extra: ¿Usted es verticalista?

Carlos Saúl Menem: Si aceptamos la imposición de rótulos, es evidente que soy un verticalista. El verticalismo es un estilo político impuesto por el general Perón, que significa ortodoxia en cuanto a la doctrina y disciplina en el acatamiento de las autoridades legítimamente constituidas. Con esto descalificamos a quienes nos llaman obsecuentes. El verticalismo es simplemente acatamiento a la doctrina y a las autoridades constituidas del movimiento.

Extra: ¿Esto significa acatamiento a la señora de Perón y al escribano Bittel?

Menem: Ante la imposibilidad de la señora de Perón de poder ejercer la jefatura del movimiento es a Bittel a quien debemos acatar.

Extra: ¿El verticalismo ejercido por Perón no estaba reñido con las prácticas democráticas?

Menem: El justicialismo siempre fue verticalista y, sin embargo, los actos más puros del ejercicio democrático se llevaron a cabo bajo el gobierno peronista. Las elecciones del 24 de febrero de 1946, de 1952 y de 1973 dan una prueba de ello. Fueron realizadas con absoluta limpieza.

Extra: Sin embargo, desde distintos sectores, incluso desde el propio justicialismo, se indica que ha no hay lugar para la dedocracia.

Menem: El verticalismo no es dedocracia y eso quedó demostrado a través de los actos democráticos tanto en los niveles nacionales como en los del movimiento. Y nadie puede decir que alguien haya sido elegido dedo.

Extra: Y las fórmulas Cámpora Solano Lima o Perón-Perón, ¿de qué manera fueron elegidas?

Menem: Esas fórmulas fueron propuestas por Perón al Congreso justicialista y este organismo las aprobó y eligió.

Extra: En el justicialismo se cobijaron corrientes de extrema derecha y de extrema izquierda. ¿Cuáles fueron las causas que permitieron esas infiltraciones y de qué manera se pueden evitar hoy?

Menem: El 90% del justicialismo es verticalista, acata la doctrina. Y esa doctrina dice que no estamos ni a la derecha ni a la izquierda sino que nos ubicamos por encima de estas dos tendencias. Peronistas son aquellos que cumplen con la doctrina del movimiento sin desviarse un solo grado. Estamos en la tercera posición. Las armas con las que contamos son la misma doctrina y la voluntad de las bases que nada quieren saber con desviaciones ideológicas. También desplegamos acciones para evitar todo tipo de infiltraciones. Pero las desviaciones no son un patrimonio exclusivo del peronismo, sino que ocurren en todos los movimientos. La Iglesia tiene dos mil años de historia y nadie puede negar que también sufrió infiltraciones. Incluso, nuestras propias Fuerzas Armadas. Las desviaciones, son un fenómeno que se puede evitar, pero en pequeños porcentajes siempre van a existir, a la vez sirven de anticuerpos que generan defensas.

Extra: Es habitual escuchar decir que las diferencias entre el peronismo y el radicalismo radican en que el primero se dirige de arriba hacia abajo, y el radicalismo de abajo hacia arriba. ¿Usted que cree?

Menem: Yo no comparto bajo ningún punto de vista esa afirmación. El peronismo se configura desde las bases hacia arriba.

Extra: Dada la gran cantidad de corrientes internas que tiene el peronismo, ¿está en condiciones de convivir democráticamente?

Menem: Por supuesto que sí. El justicialismo es fundamentalmente democrático. Y vemos con beneplácito todas las corrientes internas porque permitirán que las bases elijan a las mejores autoridades. Las líneas que resulten vencidas apoyarán a quienes resulten vencedores.

Extra: Dentro del proceso de reorganización partidaria, ¿qué papel juega la señora de Perón?

Menem: La señora de Perón es la jefa legal del movimiento. Para saber qué papel jugará debemos remitirnos a las últimas declaraciones que hizo. Dijo que en la lucha interna no va a intervenir y que avalará el resultado de las mismas.

Extra: ¿Pero cuál es su deseo sobre el papel que debe desempeñar ella?

Menem: Mi deseo es que la señora de Perón, en primer término, recupere todos sus derechos de los que fue injustamente privada. En segundo lugar, que en esta lucha interna no intervenga, sino que simplemente avale a las autoridades surgidas de la elección.

Extra: Y refiriéndonos ya a cargos públicos, ¿la señora de Perón puede tener otra oportunidad?

Menem: Por supuesto. Estoy plenamente convencido de que, a pesar de todo lo que de ella se dice, se le deben dar las mismas oportunidades que tienen todos los argentinos. Los procesos que se iniciaron en su contra son arbitrarios, absurdos.

Extra: Después de su convulsionado gobierno, ¿cree que la señora de Perón puede volver a gobernar el país?

Menem: Desde hace muchos años en este país no se deja gobernar a nadie. No lo pudo hacer Frondizi, ni Illia, ni la señora. Y tampoco se dejan gobernar entre los militares. Y hay que terminar con todo esto.

Extra: ¿De qué manera?

Menem: Soy un convencido de que la única manera de terminar con las interrupciones militares es investigar todo lo ocurrido desde 1976 hasta la fecha y juzgar a los responsables.

Extra: Para investigar usted parte de una fecha: 1976. ¿Se opone a que se investigue lo ocurrido en el período 1973-1976?

Menem: No. ¿Más de lo que fuimos investigados? Si ya saben hasta nuestro grupo sanguíneo. Yo estuve cinco años preso, incluido en el acta y no tuve proceso. De ninguna manera nos oponemos a que se nos investigue, pero también se deben conocer muchas cosas de este Proceso de Reorganización Nacional.

Extra: Hay personas que proponen un manto de olvido sobre todo lo pasado...

Menem: No se puede negociar con el delito.

Extra: Quienes sostienen esa idea dicen que investigaciones profundas pueden desestabilizar el futuro gobierno constitucional. ¿Usted no lo cree así? ¿Por qué es intransigente?

Menem: Me baso en la Constitución y en las leyes que el Congreso ha dictado. . Aquí no pedimos nada fuera de la ley. No queremos tribunales especiales, ni organismos investigadores. Sólo queremos la aplicación de nuestra Carta Fundamental.

Extra: Quienes sostienen esa idea dicen que investigaciones profundas pueden desestabilizar el futuro gobierno constitucional. ¿Usted no lo cree así? ¿Por qué es intransigente?

Menem: Me baso en la Constitución y en las leyes que el Congreso ha dictado. Aquí no pedimos nada fuera de la ley. No queremos tribunales especiales, ni organismos investigadores. Sólo queremos la aplicación de nuestra Carta Fundamental.

Extra: ¿Usted está poniendo en tela de juicio a la guerra contra la subversión?

Menem: No pongo en tela de juicio la lucha antisubversiva. Eso está fuera de toda discusión, aunque hay que encontrarle una solución política. Los que murieron con las armas en la mano están fuera de toda polémica. El problema son los desaparecidos. Incluso uno de los hombres del régimen, el almirante Massera, dijo que a este tema hay que clarificarlo.

Extra: ¿De qué manera cree que reaccionarán las Fuerzas Armadas frente a una investigación de la lucha antisubversiva?

Menem: No sé. El único brujo que teníamos, por suerte, se nos fue. Desconozco qué harán. Pero ningún político de los partidos mayoritarios se prestará al olvido.

Extra: No parece serio que un dirigente político diga que no sabe cómo pueden reaccionar las Fuerzas Armadas frente a una investigación semejante, porque se ha dicho –y más de una vez-, que la guerra contra la subversión no admite revisiones.

Menem: Quizás una investigación puede resultar en el fortalecimiento del sistema constitucional. Tengo el convencimiento de que nuestras Fuerzas Armadas no reaccionarán frente a un pronunciamiento de las autoridades legítimamente constituidas.

Extra: Usted tiene imagen de duro, de intransigente frente a algunos sectores que apoyaron el actual proceso. ¿De qué manera concilia esos intereses con los que usted representa?

Menem: Si tengo imagen de duro es porque pido el imperio de la Constitución. Nadie puede sentirse incómodo cuando los resortes del Estado de Derecho funcionan. Ni la Sociedad Rural, ni la banca. Nadie. Es cierto que la filosofía económica del Justicialismo es distinta a la del liberalismo. Nosotros proponemos una economía dirigida, conducida por el Estado (no estatizada o estatizante) de manera que el pequeño y mediano productor e industrial no se sientan desprotegidos frente a las grandes empresas o a las multinacionales. El justicialismo en el poder no ataca a nadie, sólo protege a los más indefensos. Y considera que el Estado no tiene una función de mero espectador sino que debe poseer los instrumentos necesarios para hacer justicia. Y esto no lo digo yo, sino que lo declaran hombres que vienen de vuelta del liberalismo, como Raúl Prebisch.

Extra: Los peronistas expresan permanentemente su deseo de volver a la Constitución, pero es a la de 1853. ¿Olvidaron la Constitución de 1949?

Menem: Nunca olvidamos la Constitución de 1949, siempre la tenemos en la mira. En el corto período de gobierno que tuvimos manifestamos nuestra intención de modificar la de 1853 y seguramente lo hubiéramos hecho si nos hubiesen dejado. Se impone una reforma constitucional. Si decidimos vivir en una democracia de corte social, tendremos que modificar la de 1853 que es liberal y ya no brinda respuestas a las actuales necesidades del país.

Extra: ¿Cómo ve la marcha del proceso de institucionalización del país?

Menem: Tengo la plena seguridad de que vamos a llegar a las elecciones, incluso se podrían anticipar. Frenarlas sería una actitud suicida porque llevaría a un enfrentamiento total entre los argentinos.

Extra: ¿Usted cree que la gente confía en los políticos o lo único que quiere es un cambio? Cualquier cosa, pero salir del actual sistema.

Menem: Después de la terrible campaña oficial para desprestigiar a la actividad política la gente vuelve a confiar en la dirigencia política.

Extra: Pero ¿sobre qué bases confía? Si la dirigencia no ha hecho absolutamente nada para minar los soportes del actual sistema. Si el gobierno militar hoy está débil, se debe más a su propia ineficiencia que a la acción de los partidos.

Menem: No es tan así. Cuando el 24 de marzo de produce el golpe se congela la vida política del país y la militancia pasa a ser un delito penado con cárcel. No obstante esto, los dirigentes nunca dejaron de hacer política. Siempre que pudieron hablaron e hicieron cosas para que, en algún momento, el poder volviera a manos del pueblo. La labor realizada por la CGT fue importante. En definitiva, de a poco se fue elaborando este sentimiento que hoy es imposible reprimir: volver a las instituciones naturales del país.

Extra: ¿Usted admite la autocrítica del gobierno justicialista?

Menem: ¿Más críticas de las que ya nos hicieron? ¡Por supuesto que sí! Y hemos cometido muchos errores que, en el futuro, no se volverán a repetir. Uno de ellos es el no haber elegido los mejores hombres del partido para gobernar y permitir que lleguen al poder personas como López Rega. Y también cometimos muchos errores en el terreno económico. Por ejemplo, no recreamos al IAPI que en la primera época dio tan buenos resultados.
Bernardo Neustadt

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miércoles, 1 de julio de 1981

ENTREVISTA AL GENERAL ROBERTO VIOLA - 1981

REVISTA EXTRA - AÑO XVII - Nº 193 - JULIO 1981
ENTREVISTA AL GENERAL ROBERTO VIOLA

Hace muchos años, uno de los argentinos más ilustres, don Carlos Pellegrini, asumía un calificativo que se prolongó en la historia: piloto de tormenta. Los rastreadores de revistas viejas recuerdan algún dibujo a pluma del prócer en el cual empuña el timón de la bisoña nave de la República. Un término náutico selló así su paso -augusto en su inteligencia, majestuoso en su andar- que, a caballo de dos siglos, marcó tres décadas de nuestra organización. Mucho tiempo después, una Argentina distinta, castigada por cincuenta años de vacilación y desencuentro, obliga a recurrir al lenguaje marino para definir uno de los períodos más complejos de su marcha. La conmoción del cambio ha provocado la tempestad, el ímpetu de los vientos golpea las estructuras de la reorganización. En nuestra búsqueda encontramos la acepción que parece precisar el momento histórico: el ojo de la tempestad, título de esta nota, significa -Diccionario mediante- la rotura de las nubes que cubren el vértice de los ciclones, por la cual puede verse el azul del cielo. Más allá de pensar que se trata de un acierto periodístico creemos que determina, sin vestiduras rasgadas, una circunstancia real, en nada agravada por el dramatismo de las palabras elegidas. Integran esta nota de tapa un reportaje exclusivo al presidente de la Nación y un comentario -a la vez retrospectivo y futuro- que pretende echar un poco de luz sobre la estrategia política del Proceso.

Extra: No hablemos del mes de octubre, fecha en la cual usted fue designado presidente de la Nación por la Junta Militar. Avancemos hasta dos meses antes de la asunción, cuando ya se perfilaban públicamente las dificultades económicas. ¿Pensó usted por entonces que la crisis sería tan profunda como aparece hoy?

General Roberto Viola: Entiendo que la forma en que usted me hace la pregunta me exige darle una opinión previa. La palabra crisis se utiliza hoy en día para muchas cosas y, subjetivamente, no siempre le asignamos el mismo contenido. Yo quiero aclararle que, desde un cierto punto de vista, todas las situaciones de cambio son de por sí de crisis. Además, quisiera compartir con usted y los lectores de su revista una reflexión de Ortega y Gasset que recuerdo haber leído en momento menos ajetreados. Ortega sostiene en algún pasaje de su interesante obra que los contemporáneos de la crisis viven siempre la propia como si fuera la mayor de todas. Este concepto es sabio porque nos enseña a no dramatizar ni a preocuparnos más de la cuenta. De lo contrario nos sumergimos en una mar de lamentaciones que ahoga nuestra capacidad de análisis y nos impide reacciones adecuadamente lúcidas. Yendo directamente a su interrogante le recuerdo que en mi primer discurso al país repetí más de una vez que "conozco la situación nacional y sé de sus problemas". Un conocimiento que no se circunscribe en el tiempo, al momento en que fui designado presidente de la Nación, sino que se extiende mas allá, abarcando toda mi gestión como jefe del Estado Mayor General del Ejército y como comandante en jefe del arma, cargos desde los cuales participé activamente -en el marco de mis responsabilidades específicas- en la gestación y desarrollo del Proceso que hoy me toca conducir en circunstancias particularmente complejas. De esa manera, puedo afirmar que he vivido en plenitud todas las alternativas por las que ha pasado la economía nacional y he tomado conocimiento -con adecuada profundidad- de la evolución de cada uno de los factores que han influido sobre su desarrollo. Ello me ha permitido -obviamente- evaluar el sentido y la profundidad de la situación global en cada una de las circunstancias vividas por el Proceso de Reorganización Nacional.

Extra: Si bien el Proceso, como lo han declarado sus responsables, tiene objetivos y no plazos, el señor presidente sabe que en economía la marcha tiene su propio calendario, muchas veces perentorio. ¿Cómo encara usted estas "urgencias" respecto de la "permanencia" de los mecanismos o, aún, de los hombres, teniendo en cuenta los problemas que se han presentado?

Viola: Encaro las urgencias como lo que son y con las premuras que resultan menester; pero sin comprometer mi serenidad de examen y análisis, porque otro estado de ánimo por parte del titular del Poder Ejecutivo puede llegar a ser más peligroso que la situación misma. La permanencia de los mecanismos y aun de los hombres -como usted dice- son, en política, en más de un sentido, un valor en sí mismo, porque orientan y favorecen la estabilidad y el sosiego colectivo y porque, como es lógico, ningún mecanismo, y ningún hombre, opera sobre la realidad instantáneamente. Pero no tenga duda de que todo y cada uno de los problemas nacionales de la hora pasan por el meridiano de la responsabilidad que he asumido. Y no vacilo en hacer pública mi decisión de enfrentar cada situación particular por grave que ésta fuera, recurriendo a todos los instrumentos de gobierno de que dispongo.

Extra: La mayoría de los analistas observa que las actuales complicaciones son políticas, devienen de la política, más allá de la importancia y de la incidencia de la economía. Si así lo considera, ¿estima, señor presidente, que pueden "atacarse" las dos vertientes al mismo tiempo o, por lo contrario, los cronogramas para enfocarlas deben ser distintos, no obstante la estrecha relación entre ambas?

Viola: Estoy de acuerdo respecto de la solución general de los problemas argentinos exige una respuesta política capaz de articular creativamente las discrepancias y las pujas sectoriales. De allí la necesidad y justificación histórica del Proceso de Reorganización Nacional. Pero suponer que puedan plantearse prioridades o alternancias entre las respuestas económicas y las políticas es un error porque consiste en querer ver la realidad en forma fracturada. Eso puede ser útil como metodología intelectual de análisis pero nunca como indicador para la acción plenaria del gobernar, que es práctica y tan rica como la realidad misma. Yo se aseguro que cada instante de la vida institucional de un país tiene su expresión específica en cada uno de los ámbitos de la vida nacional, en una estrecha y compleja interrelación que no puede dejar de ser considerada en el análisis y en la acción consecuente.

Extra: Es cierto que los partidos políticos han reconocido la legitimidad del Proceso de Reorganización Nacional. Es cierto, también, que por muchas razones -por ejemplo, la suspensión de las actividades partidarias y la falta de creatividad eventualmente imputables a ellos y al Gobierno- sus actuales estructuras no diferirían casi nada de la realidad política de 1976. ¿Cómo cree, señor presidente, que se puede enfrentar la presunta contradicción de este planteo y la que puede surgir del llamado a la convergencia nacional que formuló en su último mensaje?.

Viola: La Argentina ha vivido y viene viviendo una experiencia histórica que le ha enseñado muchas cosas. Hemos aprendido todos: los empresarios, los obreros, los profesionales, los militares y los políticos también. Mi llamado al entendimiento de los argentinos es un llamamiento esperanzado en que los viejos errores no nos sigan impidiendo enfrentar el porvenir. Pero ése no es sólo un llamamiento del presidente de la Nación, es el llamado de las autoridades del Proceso a lo largo de todas sus instancias. Con él, estoy seguro, estamos de acuerdo todos los argentinos de bien. Por eso no será un llamamiento en vano y estoy seguro que dará sus frutos, por encima de la mediocridad, el derrotismo, la mezquindad y el facilismo. Por eso estoy seguro, en suma, que cada etapa del Proceso en su marcha hacia la democracia estable a que aspiramos requiere una efectiva convergencia de los distintos protagonistas de la sociedad argentina, cualquiera sean las circunstancias jurídicas y políticas que vivan sus instituciones.
Bernardo Neustadt

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ENTREVISTA A EMILIO EDUARDO MASSERA - 1981

REVISTA EXTRA - AÑO XVII - Nº 193 - JULIO 1981
¿QUÉ QUIERE MASSERA?
Entrevista a Emilio Eduardo Massera

Fue miembro de la Junta Militar que encabezó el Proceso en marzo de 1976. Se llama Emilio Eduardo Massera y se ha transformado en una de las figuras más polémicas y dinámicas de los tiempos que corren. Su notoria actitud crítica frente al desarrollo de un nuevo ciclo histórico, que él mismo contribuyó a generar, lo ubica en una especial posición dentro del escenario político.

Extra: Comencemos por el urticante tema económico. Usted ha declarado en varias oportunidades -y trascendió que lo hizo también cuando era miembro de la Junta Militar- que no está conforme con la marcha del país. En el terreno económico y considerando el nada halagüeño balance que hizo Sigaut sobre la gestión pasada, ¿piensa que deben modificarse no sólo la instrumentación del programa sino también las bases filosóficas que lo inspiraron?

Emilio Eduardo Massera: Muchas veces he dicho que las bases filosóficas que inspiraron el Proceso, comenzado en marzo de 1976, eran suficientemente claras como para permitir edificar sobre ellas un país dentro del cual todos podríamos desarrollarnos armoniosamente; mal podría ahora afirmar que es la filosofía del Proceso lo que ha fallado: lo que falló fue la fórmula política concreta para plasmarla y el divorcio entre estas bases y el programa económico, agravado luego con su contradictoria instrumentación. De no haber mediado la soberbia y falta de permeabilidad a las críticas bien orientadas podrían haberse dado los pasos necesarios para corregir algunos acontecimientos en lo político y por consiguiente en lo económico, y otros serían los resultados.

Extra: Usted ocupó el cargo más alto en la orientación del Proceso que afirmó -y afirma- que no hay plazos sino objetivos. ¿Estima que estos objetivos deben ser cumplidos íntegramente o -frente al carácter utópico de tal premisa- bastará con que ellos se encarrilen?

Massera: En mi respuesta anterior debe encontrar la explicación satisfactoria; pero ampliándola le diré que no creo para nada en el carácter utópico de los objetivos del Proceso. Siempre es posible conseguir aquello que permite dar a un país el destino que se merece. Para ello los responsables de la conducción debe obrar inteligentemente, lo que sobre todas las cosas significa reconocer los errores. Por supuesto esto requiere una gran dosis de humildad. Es posible conseguir penetrar en la idiosincracia de sus habitantes y en sus reales y legítimas apetencias, pero ello no implica un tiempo indefinido sino más bien una idea clara acerca de los caminos que se quieren seguir y de los ideales colectivos a los cuales debe arribarse. La Argentina es un país excepcional; se merece, pues, un destino excepcional. Creo que estamos a tiempo para encarrilar los medios que permitan nuestra realización. No hay contradicción alguna en lo que he afirmado siempre, pero lamentablemente cada día que pasa seguimos perdiendo terreno, seguimos sembrando escepticismo, seguimos equivocándonos de rumbo. Hace tiempo que conozco lo inútil de ciertas reflexiones negativas, de tal manera le digo, como argentino, que luchar es lo único que queda junto a la esperanza de que estamos a tiempo.

Extra: ¿Se ha visto obligado a replantear algunos de sus pensamientos políticos frente a la experiencia vivida desde marzo de 1976 y -fundamentalmente- como "hombre de gobierno"?

Massera: Naturalmente. La vida nos enseña que a menudo es preciso replantear no sólo pensamientos sino circunstancias que hacen al vivir diario. Sin embargo le diré que en lo fundamental me he mantenido fiel a lo que creía en 1976; he tratado de cumplirlo y hacerlo cumplir cuando formaba parte de la Junta Militar y ahora como ciudadano muy interesado en el logro de ideales que satisfagan a la colectividad.

Extra: Hace unos meses usted expresó que tenemos que empezar a preguntarnos "qué país somos, qué país queremos y cómo podemos obrar para alcanzarlo". Habida cuenta de que han transcurrido cinco años del Proceso, ¿podría estimarse que ese lapso ha sido más que prudencial para dar forma a los interrogantes que usted propone? ¿Cuál serían las primeras medidas que debería tomar la conducción política para lograrlo?

Massera: Cinco años son un lapso importante no sólo para el transcurso de los problemas individuales sino también para las vicisitudes de la vida de la sociedad; aun considerando que los males argentinos venían de larga data y era de suponer que tomaría tiempo corregirlos. Por eso, si afirmara que en cinco años los problemas argentinos podrían haber tenido una salida satisfactoria, eso no variaría el hecho de que en algunas cosas estamos a fojas cero; en otra, a media marcha, y el resto en una contramarcha total. Tampoco sirve lamentarse, de ahí que es preferible que le explique cuáles serían las medidas que tomaría personalmente en la conducción política para lograrlos: escuchar con voluntad de diálogo a todos los sectores nacionales y lograr una convocatoria o al menos sentar las bases de una especie de credo alrededor del cual converjan la mayor cantidad de opiniones posibles.

Extra: La suspensión de la actividad política provocó el congelamiento de las autoridades orgánicas en todos los partidos. La gente comenta "siempre están los mismos". ¿Cree necesario una reorganización profunda de los partidos desde la renovación de los padrones partidarios?

Massera: Sí. Creo necesaria la reorganización de los partidos, no porque descrea de la capacidad de sus actuales dirigentes sino porque en todos los órdenes de la vida argentina es preciso dar oportunidad a los representantes de otras generaciones, dar paso a otras ideas, verificar las estructuras tradicionales.

Extra: Se oye hablar de un movimiento de opinión que "acompañará" la gestión del Proceso, fundamentalmente en su fase final. ¿Cuál es su juicio al respecto?

Massera: Si eso se refiere a la formación de un partido oficialista le digo que no. En primer lugar porque el Proceso no puede confundirse exclusivamente con una praxis y, además, por que aunque los principios del Proceso sean compartidos por un movimiento de opinión es muy posible que éste tenga cabida en los grandes partidos políticos ya formados a los que pudieran formarse, sin que se tiñan con un matiz de oficialismo siempre contraproducente.

Extra: El ejercicio del gobierno -constitucional o no- provoca un natural desgaste. Frente al actual proceso, ¿piensa usted que las Fuerzas Armadas -cada vez con mayor énfasis- deben procurar la participación civil?

Massera: Admito el desgaste que provoca el ejercicio del gobierno y no lo deseo para las Fuerzas Armadas. Pero no es ése el motivo por el cual debe procurarse la participación civil, sino porque la antinomia civiles - militares es perniciosa y absurda. Civiles y militares somos todos argentinos, de tal manera que debe procurarse la participación de los primeros, no en virtud del desgaste de los militares, sino porque unos y otros deben trabajar juntos para el bien del país. Ambas perspectivas son diferentes pero complementarias. En su conjunción está la clave, no en su competencia, como sectores interesados pretenden.

Extra: ¿El almirante Massera es un hombre ambicioso?

Massera: Yo creo que todos los argentinos debemos ser ambiciosos si lo que se trata es del bien común de nuestro país. ¿Acaso todos no queremos progresar en el trabajo?, ¿que nuestra mujer y nuestros hijos vivan mejor?, qué nuestra vida signifique algo más en este dificultoso tránsito de a la vejez y no contentarnos con vivir en la superficie dejando que se escapen las mejores y más ardientes circunstancias de la vida? Todo lo expresado constituye una sana ambición, pero ocurre que se ha tergiversado el sentido de un calificativo que significa simplemente la capacidad de un hombre de poner en funcionamiento sus mejores cualidades y su fuerza para realizarse y para permitir la realización de los demás. Si releyendo lo anteriormente expresado todo le parece una exposición de concepciones ambiciosas, así será. Pero yo lo veo como una compulsión muy justificada en la difícil vida contemporánea. Mi fundamental ambición es que el país no pierda su dimensión y proyección de futuro en el concierto de las naciones. Mi ambición es que el país no pierda su estatura de país ante los problemas de coyuntura, que luego de cinco años siguen sin resolverse.

Extra: Usted se ha situado en una posición crítica frente al Proceso. Suponemos que no es una posición "fácil" para un hombre que ha sido parte de él. ¿Cómo vive personalmente esta situación?

Massera: La vida en la madurez no es fácil para nadie. Tampoco fue fácil para mi sostener una posición de dureza crítica frente a quienes han sido, son y serán amigos y compañeros. Pero una cosa es mi sentir personal y otra mi obligación como hombre de armas y como ciudadano empecinado en logra lo mejor para el país. Viví con sinceridad y con responsabilidad la etapa crítica cuando estaba en la Junta Militar y no cambié en absoluto cuando salí de ella.

Extra: La generación de jóvenes de 25 a 40 años ha vivido un país de "promesas incumplidas". ¿Qué podemos hacer frente a su desencanto? ¿Cuál es su preocupación?

Massera: Créame: el desencanto no es solamente de aquéllos cuyas edades fluctúan entre los 25 y 40 años. También hay desaliento en los mayores y falta de incentivos en los menores de edad. El movimiento que propicio intente dar oportunidad a todos: a los jóvenes, a los adultos y a los que pertenecen a la mal llamada clase pasiva. Nuestro país será reconstruido entre todos y para todos. En esa tarea está comprendido todo cuanto yo pueda hacer.

Extra: ¿El almirante Massera se incorpora definitivamente a la vida política nacional? ¿Qué debe esperar de él la Argentina política?

Massera: Creo que por ahora estoy actuando como un ciudadano al que le interesa sumarse a las corrientes cuyo dinamismo permiten entrever alguna salida para la crisis que vivimos todos. Y desde ese punto de vista, si mi capacidad, por modesta que sea, sirve a los intereses nacionales puede esperarse de que contribuya a la afirmación de la democracia, de la justicia, de la libertad y de la solidaridad. Premisas que han sido fundamentalmente en cada una de mis manifestaciones públicas. Yo he tenido coherencia entre mi pensamiento, las palabras que he pronunciado y mi conducta. Todo ha estado matizado por esa gran pasión argentina que a veces, cuando nos ponemos a reflexionarnos llega desde la época en que leíamos a Eduardo Mallea. U Usted recordará "Historia de una pasión argentina...". Si recuerda también la esencia del relato comprenderá que esa pasión sobrevive hoy en gran parte de los argentinos que pretendemos ser responsables.

Extra: Es probable que la industria que mejor funciona en la Argentina es la del rumor. Usted, como figura política, como hombre de gobierno, la conoce. ¿Los argentinos somos destructivos por vocación? ¿O los rumores son consecuencia lógica de la confusión e indefinición?

Massera: Es posible que los argentinos tengan algún matiz autodestructivo. Está en la esencia de los españoles y de los italianos, cuyas sangres generosas alimentaron en gran medida las corrientes inmigratorias. También Italia y España han sido y son países trágicos de los que quizás heredemos ese matiz pernicioso al que alude usted y aludo yo en el principio de la respuesta. Pero hay situaciones como las que atraviesa ahora el país en que sería milagrosos que alguien no tuviera una actitud escéptica. Ese escepticismo no podemos cargarlo en la mala cuenta de los argentinos. En cuanto a los rumores, son también producto de la indefinición con que se manejan desde las altas esferas la economía y la política, de la ambigüedad con que se manifiestan sus principales personajes. Yo soy un decidido partidario de la creencia de que la culpabilidad la tiene raramente el pueblo, sino casi siempre quienes -para bien o para mal- rigen sus destinos. Mire: le diría que en nuestro país hace falta tomar al toro por las astas, es decir, sin dejar de reconocer la grave situación económica que debe ser corregida, dar un principio de solución política evitando una vez más la trampa organizada o no que se tendió numerosas veces a los hombres y mujeres argentinos. La libertad de expresión, la voluntad de diálogo, la coherencia ideológica tienen que levar fatalmente al logro político. Y ésas son las dos cosas fundamentales sobre las que hay que ponerse con alma y vida, sin perder más tiempo desde ahora. Naturalmente no se pueden descuidar la educación, la salud, ni la cultura. Fíjese qué tremenda responsabilidad; es en esas empresas donde se mide la calidad de los hombres. Sería inteligente proponerse metas modestas, irlas cumpliendo y proponerse otras de tal manera de no perderse en sueños de grandeza y sí en logros satisfactorios para todos. Esa es mi tarea y lo invito a usted y a todos los que me lean a seguir este ejemplo: metas a proponerse y trabajo. Esta es la base de todos los milagros.
Bernardo Neustadt

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ENTREVISTA A RAÚL ALFONSÍN - 1981

REVISTA EXTRA - AÑO XVII - N° 193 - JULIO 1981
¿CUÁL FUE EL ERROR DE LOS GRANDES PARTIDOS MAYORITARIOS?
Entrevista a Raúl Alfonsín

Raúl Alfonsín, líder del Movimiento Renovación y Cambio de la Unión Cívica Radical, analiza los problemas de la democracia latinoamericana. La Argentina y su larga lucha por la estabilidad centra sus juicios más apasionados y polémicos. Aquí su pensamiento.

Extra: Doctor, ¿su libro "La cuestión argentina" puede encuadrarse dentro de lo que podríamos llamar teoría política?

Raúl Alfonsín: "La cuestión argentina" no es un libro de teoría política. En consecuencia, no me detengo demasiado en algunos fenómenos que son propios de la democracia del mundo, aunque, por supuesto, son el trasfondo de todos los problemas argentinos.

Extra: Tampoco se analiza el elitismo en la democracia argentina.

Alfonsín: No lo hice porque está suficientemente estudiado en la teoría política. Desde los griegos con Platón y su oposición a la democracia ateniense. Más tarde Nietzsche, con su superhombre y su pensamiento de que son los héroes y no los hombres los impulsores de la historia. Luego Pareta y Mosca sirvieron de antecedentes a los nacionalistas criollos con la teoría de la circulación de las elites. Trabajar sobre todos estos temas hubiese llevado medio libro, pero los omití para que el discurso sea más directo.

Extra: Su opinión sobre los embates contra las normas democráticas, que es uno de los problemas actuales.

Alfonsín: Este es un gran problema de la democracia. Durkheim lo denominó anomia. Los hombres actúan de dos maneras. Una prescriptiva y otra electiva. En esta última se pone en juego la libertad misma. Pero el hombre moderno quiere vivir en libertad; cuando quiere elegir todo y desacraliza todos los valores, e incluso discute el marco normativo, su comportamiento se transforma en anómico. Esta personalidad conspira contra la libertad, la democracia y contra sí mismo.

Extra: ¿De qué forma conspira contra la democracia?

Alfonsín: En la Argentina conocemos dos formas posibles de conspirar contra la democracia mediante la anomia. Una es la apatía, “el no te metás”, y la otra es la violencia.

Extra: ¿Cómo interpreta usted la inestabilidad democrática latinoamericana?

Alfonsín: El problema de las democracias latinoamericanas es que no tienen respuestas a problemas básicos de orden económico-social. No satisfacen las expectativas de los pueblos.

Extra: ¿Por qué carecen de respuestas a estos problemas que son, sin duda, esenciales para la estabilidad de un sistema?

Alfonsín: Los motivos son varios; uno de ellos es la discriminación que, sobre nuestros países, hacen las naciones de economías centrales en materia de comercio exterior. Personalmente, manifesté a muchos políticos europeos que la elevación del nivel de vida de sus pueblos no debe hacerse a costas del deterioro de los nuestros.

Extra: ¿Cuáles son, a su juicio, los otros motivos que pueden explicar la falta de estabilidad?

Alfonsín: Muchos estudiosos dieron respuesta a la inestabilidad política latinoamericana. Afirman que es causa de la miseria, y es razonable, porque ésta constituye un elemento que impide la participación racional del pueblo provocando la ausencia del instrumento fundamental de la democracia. También lo atribuyen a la dependencia y al militarismo. Johnson, sociólogo norteamericano, dice que los latinoamericanos, después de la guerra por la independencia, cambiaron las banderas de igualdad, libertad y fraternidad por la artillería, caballería e infantería.

Extra: Pero su tesis, ¿no es ésa?

Alfonsín: No descarto ninguno de los factores que antes mencioné. Todos influyen. Pero a mi criterio, la inestabilidad política latinoamericana, y más aún la Argentina, se debe a que siempre existió una minoría que impidió la realización de los pueblos.

Extra: ¿Cuáles son las características de esa minoría?

Alfonsín: Ya no es la vieja oligarquía de base terrateniente. La oligarquía actual es moderna, inescrupulosa, totalitaria, de base financiera. Se caracteriza por ser un comportamiento más que una clase social; se refugia en la especulación.

Extra: La minoría a la que usted se refiere, ¿es similar a las que sustentan el poder económico europeo?

Alfonsín: No. Tienen diferencias extraordinarias. En Europa presentaron y concretaron importantes proyectos económicos que permitieron elevar el nivel de vida de todos sus habitantes. En cambio, en nuestro país fracasaron permanentemente.

Extra: Limitándonos a las causas que impidieron la estabilidad en la Argentina, ¿cuál es su opinión al respecto?

Alfonsín: Todas las que antes mencioné tienen cabida como causales de la inestabilidad democrática. Pero resta analizar otra, y muy importante: los errores de las mayorías. Los sectores políticos nacionales no marginaron nada de la competencia política. No existieron los comunes denominadores, esos que son los que definen a un pueblo como nación, que hayan sido apoyados o sostenido por el conjunto nacional. Los principales responsables son los políticos mayoritarios que produjeron grandes enfrentamientos, con enormes errores. Por ejemplo, el radicalismo, cuando fue desalojado del poder en 1930, se quedó en el reclamo electoral sin comprender los nuevos acontecimientos de la sociedad argentina. No interpretamos el nacimiento de la sociedad industrial con sus angustias y sus anhelos. Quien logra hacerlo es, por entonces, el coronel Perón. Otra hubiera sido la historia del país si no hubiera incorporado a su praxis política algunos ingredientes reñidos con la democracia.

Extra: ¿Ese fue el único motivo por el cual lo combatió el radicalismo?

Alfonsín: No se puede hacer un análisis unilateral del peronismo sin dejar de reconocer su labor en materia de avance social. El radicalismo lo combatió por las cosas malas que practicaba y no como muchos antiperonistas, por las muchas buenas que hizo.

Extra: ¿Y cuál fue el error de los grandes partidos mayoritarios?

Alfonsín: Pelearnos permanentemente. Poníamos por testigo a Dios, a la historia, a los pueblos, y nos rasgábamos las vestiduras en el altar de la libertad; otros, en el de la justicia social. Nos peleábamos, y cuando estábamos por matarnos dábamos vuelta la cabeza sin darnos cuenta de que éramos gladiadores del circo romano. Que en la tribuna estaba la oligarquía bajando los dedos, señalando que quienes morían no eran partidos políticos sino la posibilidad de la verdadera democracia.

Extra: Reconocidas esas faltas, ¿cuál es la solución?

Alfonsín: Estas falencias históricas se pueden superar a través de un compromiso democrático.

Extra: ¿Qué significa compromiso democrático?

Alfonsín: El compromiso democrático que el país reclama no es un cuerpo de doctrina ni un programa de gobierno. Es, sí, ponernos de acuerdo sobre las ideas básicas, comunes, que son las que pueden impulsar a todo el pueblo a recuperar la democracia.

Extra: ¿Cuáles son esas ideas básicas?

Alfonsín: Las ideas consisten en definir y ubicar, primero, a quienes están por la democracia, contra la autocracia. Segundo, quiénes están con la autonomía del país frente a la dependencia. Tercero, quiénes están con la participación del pueblo frente a su marginación. Después de este compromiso en el que pueden estar todas las fuerzas políticas, llegarán las mediaciones, que es la característica de la actividad política. Fundamentalmente, entre los sectores del trabajo organizado y el empresariado nacional, para evitar que la pugna distributiva tumbe el sistema.

Extra: ¿Están dadas las condiciones para realizar el compromiso que usted menciona?

Alfonsín: Sí. Estamos triplemente desafiados. Debemos recuperar la democracia, reconstruir la economía y operar una mejor distribución de las riquezas. Estos no pueden ser objetivos de cumplimientos sucesivos. Deben realizarse en forma simultánea. Es imprescindible trabajar con inteligencia y urgencia. Están dadas todas las condiciones para que esto suceda. Por primera vez aparecen solicitadas firmadas por obreros reclamando la permanencia de las fuentes de trabajo, es decir, defendiendo a la industria. Y también, por primera vez, las cámaras empresarias reclaman aumento del poder de compra del obrero, que implica un aumento del salario real.
Bernardo Neustadt

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viernes, 1 de mayo de 1981

ENTREVISTA A OSCAR ALENDE - 1981

REVISTA EXTRA - AÑO XVI - Nº 191 - MAYO 1981
"SERE UN AFILIADO MAS DEL PARTIDO"
Entrevista a Oscar Alende

El motivo de la entrevista: su renuncia a la conducción partidaria. A partir de esta actitud surgieron otras declaraciones sobre el país y un tema que lo preocupa intensamente: la juventud argentina frente a la política.

Extra: ¿Cuál es su situación actual en el partido, después de su renuncia, alejamiento de la presidencia?

Oscar Alende: En 1976 o 1977 en un reportaje en Extra aseguré que nunca abandonaría la acción política. Y hoy soy coherente con aquella afirmación. Mientras tenga condiciones físicas e intelectuales seguiré trabajando y actuando.

Extra: Pero usted presentó su renuncia a la conducción partidaria.

Alende: Es un tema distinto. Hace dieciocho años que soy presidente del partido. Primero, lo fui de la UCR. He pedido mi relevo en la conducción partidaria para que se organice e instrumente y así pasar a ser un afiliado más. No renuncié porque la situación legal de los partidos no me lo permite.

Extra: ¿Por qué lo hizo?

Alende: Porque me resulta difícil explicar a la gente joven, que quiere participar y ocupar funciones jerárquicas en el partido, que desde hace casi dos décadas soy presidente. Parece que veinte años de proscripción del peronismo no sirvieron para nada. La juventud no encontró posibilidad de expresarse y se volcó a corrientes que golpearon en sus sentimientos y emoción, y el resultado lo conocen todos. Eso es lo que quiero evitar.

Extra: ¿Queda claro que usted no se aleja de la política?

Alende: No me alejo de la política. Sólo me someteré disciplinada y honestamente a las resoluciones de la comisión de acción política que preside Juan Carlos Manes. Lo haré como un afiliado más del distrito de Lomas de Zamora. De esta manera el partido da el sentido ético de lo que será su próxima, y espero que pronta, reorganización interna. Además establece la posibilidad de que todas las provincias, y no sólo las que están representadas en el Comité Nacional, puedan expresar su opinión en cuanto al futuro partidario.

Extra: ¿Con su actitud pretende influir en otros sectores políticos para que sigan su ejemplo?

Alende: No. Cada cual resuelve de acuerdo con lo que le corresponde.

Extra: En una columna política se dijo que usted renunciaba a la presidencia por diferencias con otras corrientes internas. ¿Es cierto?

Alende: En los últimos cinco años se acentuó una tendencia a procurar divisiones en los partidos y en los gremios. Por esto aparecen los comentarios no ajustados a la realidad. Es natural que en un partido democrático existan líneas y que las opiniones no estén uniformadas. Sería muy penoso que el criterio de los afiliados sea aborregado.

Extra: Pero... ¿existen serios enfrentamientos internos?

Alende: En la última reunión se resolvió fortalecer la imagen y posición individual del Partido Intransigente. Esto coincide con un dato ilustrativo: en los últimos tiempos todos los partidos aparecieron divididos, o con serias diferencias, instigados por los apetitos del Gobierno. El único que se mantuvo al margen de la situación fue el Intransigente, a pesar de las disímiles opiniones.

Extra: ¿Por qué el Partido Intransigente se mantuvo al margen de esa situación?

Alende: No tuvimos disidencias públicas respecto de la conducta partidaria frente al gobierno de facto, porque es la reiteración del comportamiento que mantenemos desde hace cincuenta años.

Extra: ¿Cuál es la base de ese comportamiento?

Alende: Mantener vívida la imagen y conducta de Hipólito Yrigoyen, que promovió la existencia de un partido orgánico sobre la base del respeto al pueblo y la defensa del sufragio. Y como los gobiernos de facto implican la negación del voto, nosotros tomamos la actitud de defender la Constitución Nacional y el sistema democrático.

Extra: El hecho de haber pedido su relevo y la intención de hacer participar a las provincias que no tienen representación en el Comité Nacional significa lanzar el partido a la calle y desconocer las leyes vigentes.

Alende: Parece un interrogatorio judicial y yo prefiero atenerme a los hechos. La veda política ha desaparecido, de hecho, en el mismo momento en que Martínez de Hoz escuchó el primer discurso del presidente Videla, en compañía de los integrantes de la Sociedad Rural, del Consejo Industrial y de la Unión Industrial. De manera que el primer procesado debió ser el ministro.

Extra: ¿Pero su partido desconocerá las leyes vigentes?

Alende: Como en todas las épocas de gobierno de facto, tenemos dos alternativas: cumplir con todas las medidas antidemocráticas y emanadas del poder, o cumplir con el estatuto de nuestro partido, que es un instrumento legal porque está probado por la justicia electoral. El estatuto nos obliga a asumir la responsabilidad de la conducción partidaria y hacer cumplir los deberes del partido, que son los del país. Entre seguir los dictados del Estatuto y las cláusulas coyunturales de gobiernos no legales, optamos por lo primero.

Extra: Usted mencionó que es intención de la mesa directiva del Comité Nacional otorgar participación a todas las provincias. ¿Qué significa?

Alende: En estos momentos, en las reuniones de la mesa directiva tenemos presencia permanente de los representantes de Capital, Buenos Aires, Córdoba, San Luis, Santiago del Estero y Neuquén. La Comisión de Acción Política arbitrará todos los medios para tomar contactos con el resto. Seguramente será un trabajo dúctil y proficuo que estará muy por encima de lo que pueda suponer la presencia de cada uno de los representantes del partido.

Extra: ¿Cuando se instrumente la salida democrática asistiremos a un nuevo modo de vida política, que termine con los enfrentamientos y asegure la estabilidad?

Alende: Aspiro a que así sea, porque es una necesidad perentoria que no puede dejarse de lado. La situación del país es extremadamente grave. Hay muchos temas que no tienen solución, o, por lo menos, son muy difíciles de resolver. Esto sucede en lo exterior, económico social, en lo instrumental y en lo institucional.

Extra: ¿Cuál es la situación del país?

Alende: Estamos viviendo una crisis grande y profunda. Tenemos un pueblo desinformado, con falta de confianza y de fe; y con una situación de protesta generalizada que no encuentra los carriles para poder expresarse. La gente no se ha despojado del terror impuesto a la ciudadanía desde los dos extremos. El país requiere un proceso nuevo aprovechando las experiencias del pasado y mirando al futuro, en un ambiente democrático donde no se le tema ni a la vida ni a los jóvenes.

Extra: ¿Usted pide la democratización urgente?

Alende: Urgentísima. Y lo hago desde hace años. Si el Gobierno hubiera atendido muchas expresiones que quedaron en el olvido referidas, por ejemplo, al Beagle y al enfoque económico, las cosas hubieran andado mejor, y no nos encontraríamos en la crisis actual.

Extra: ¿Queda espacio político para un nuevo partido?

Alende: En nuestro país es seguro el fracaso de un partido oficial, gestado desde el Gobierno. Pero para otros movimientos, el espacio de acción lo decidirá el tiempo.

Extra: ¿Cree que la juventud está defraudada por los políticos?

Alende: La juventud está mal informada porque carece de posibilidades para hacerlo. Tiene muy fresco el recuerdo de los malos momentos pasados. El gravísimo riesgo que se corre es que, de golpe, aparezcan los latiguillos que toquen el sentido de generosidad de la juventud y la historia vuelva a repetirse, sin que nosotros podamos ayudarlos a canalizar la vocación política a través de la reflexión y de la propia experiencia.

Extra: ¿Pero su generación política los representa?

Alende: La juventud tiene un destino: llegar al medio social, con el que no están comprometidos, para demandar contra sus injusticias. Cuando ella no puede resolver por sí misma, tiene que hacer un verdadero esfuerzo para saber quién las interpreta y quién las usa.

Extra: De vez en cuando, en política de raíz yrigoyenista revive la idea de unificar todos los partidos surgidos del viejo tronco radical. ¿Cuál es su opinión y su actitud al respecto?

Alende: Son temas que deben ser analizados en el seno del partido cuando las condiciones políticas lo permitan.

Extra: ¿Cuál fue esa estrategia?

Alende: Estar con un pie dentro del gobierno de facto y con otro en la oposición. Pero esto no es más que una diferencia. El rumbo definido del Partido Intransigente se tomará cuando esté reorganizado. En estos momentos nuestro pensamiento está volcado a reforzar la estructura partidaria, exhibir su conducta inalterable y aparecer como el genuino representante del pensamiento radical yrigoyenista.

Bernardo Neustadt

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jueves, 1 de enero de 1981

ENTREVISTA A JORGE LUIS BORGES - 1981

REVISTA EXTRA - AÑO XVI - Nº 187 - ENERO 1981
¿UN NUEVO BORGES?
Entrevista a Jorge Luis Borges

Don Jorge Luis Borges: espléndido escritor, maestro de la ironía cruel y escéptica, con algunos toques de ternura entreverados en su particular e inédito anarquismo. Nunca se tiene la certeza sobre sus intenciones finales. Sus variables son inagotables. En estos últimos tiempos se ha especializado en declaraciones inesperadas (por definirlas de alguna forma). La realidad es, a veces, un simple material para complacer su habitual juego intelectual, que cómodamente se mueve entre la sagacidad y el absurdo.

Extra: ¿Qué le gustaría realizar en este primer tramo del 81?

Jorge Luis Borges: Me gustaría poder concluir algunos libros ya empezados. Por ejemplo, tengo un ensayo sobre La Divina Comedia, me gustaría publicar la antología de mi obra que es casi poética, un libro sobre cuentos fantásticos y otro de poemas. Me gustaría, en fin, vivir unos meses más para poder completar estos trabajos.

Extra: Creemos que los va a vivir.

Borges: No. Yo pienso que no. Soy muy pesimista con respecto a mi vida.

Extra: ¿Qué lo hace reflexionar así? ¿1980 ha sido un año duro para usted?

Borges: Yo creo que fue duro para todos. Económicamente hay muchos problemas que espero que solucionen en 1981. Hace tiempo que el peso argentino corresponde económicamente a una cosa fantástica, lo que no ocurre en ningún otro país. Pienso que nosotros continuaremos declinando. No sólo nosotros sino Occidente también.

Extra: ¿Qué lo lleva a reflexionar en forma tan pesimista?

Borges: Europa ya no es lo que era antes. Ha perdido su hegemonía en las dos guerras civiles que llamamos mundiales y entonces ahora estamos a merced de dos países que fueron grandes en el siglo XIX y ahora son más bien mediocres.

Extra: ¿Mediocres los EE.UU. y la URSS?

Borges: Evidentemente hablo de ellos. Es una lástima, realmente una lástima lo de Europa.

Extra: Con la Europa de la que usted habla, ¿se hubiera evitado, por ejemplo, problemas como el de Polonia, con la tremenda presión soviética?

Borges: Ciertamente. Eso quiere decir que el gobierno ruso no es un gobierno revolucionario, es simplemente un imperialismo zarista que no ha cambiado en nada. Simplemente es eso.

Extra: Hace poco, conversando con la escritora Marta Lynch nos decía que rescataba como figura de 1980 al nuevo Borges. ¿Hay un nuevo Borges?

Borges: Supongo que todos estamos continuamente cambiando. Sería muy triste llegar a los 81 años siendo el mismo que cuando nací. ¿No? Yo estoy cambiando a cada momento. Como todos.

Extra: De acuerdo. Pero sus últimos juicios son más "terrenales", están más comprometidos con el "ser cotidiano".

Borges: No. No. Yo estoy comprometido únicamente con la ética. Yo no estoy afiliado a ningún partido político. Desapruebo imparcialmente el terrorismo de la izquierda y de la derecha. Yo como individuo, trato de ser un individuo ético, pero es difícil serlo.

Extra: ¿Cómo vivió las elecciones en los EE.UU.?

Borges: No sé. Estuve en los EE.UU. durante las elecciones y había una broma que todo el mundo repetía. Un señor va caminando por la calle y de pronto se le aparece otro y le pone una pistola al pecho diciéndole: "¿Por quién votará usted, Carter o Reagan?" Y entonces el primero le responde: "¡Haga fuego!" También había otra broma en Rusia. Decían que los norteamericanos tenían derecho a elegir presidente como si eligieran por Pepsi o Coca-Cola. Pienso que en esos chistes está un poco la opinión general.

Extra: ¿Cuál es su reflexión acerca de la última encíclica papal?

Borges: A mí los funcionarios no me interesan y el Papa es un funcionario, desde luego. Pero sus decisiones son importantes, aunque yo no sé cuáles son. De todas maneras no fomenta la guerra sino la paz y en ese sentido estoy de acuerdo con él. Desde luego yo no soy católico y pienso que el Papa es un político, tal vez más hábil que otros.

Extra: ¿Aparte de usted, que otras figuras rescata de 1980?

Borges: Yo no me rescato. Creo que ésa es una equivocación. A mí no me gusta lo que yo escribo. Yo no soy nadie para juzgarme ni compararme con hombres como Virgilio. Si tuviera que rescatar a otros, habría muchos.

Extra: ¿Qué le parece Walesa?

Borges: Perdí la vista en el año 55 y he preferido releer a leer. Conozco muy poco a los contemporáneos. Usted mencionaba hoy a esta señora Marta Lynch. Bueno, yo no he leído una línea de ella. Posiblemente sea bueno lo que ha escrito. Le insisto, yo a los contemporáneos no los leo.

Extra: Ya que orientó usted la pregunta hacia otro terreno, ¿quiénes relee?

Borges: Bueno, cuando viene gente a casa les pido que lean a Bernard Shaw, o que me lean a Schopenhaüer, Virgilio, Seneca, Chesterton.

Extra: ¿Seguro que a ningún contemporáneo?

Borges: Creo que hay un excelente novelista que se llama García Márquez. En los EE.UU. hay muchos buenos escritores totalmente olvidados. Lugones ha sido injustamente olvidado en la Argentina.

Extra: ¿Qué me dice de Pérez Esquivel?

Borges: Nada sé de él. Estoy de acuerdo con lo que dijo, pero no sé si tiene derecho a decirlo. Además me han dicho que fue terrorista y que se escandaliza del terrorismo de la derecha y no de la izquierda. Posiblemente sean calumnias. Yo no sé. A lo mejor es algo totalmente injusto, pero yo no sé nada de él. Además, como argentino deseaba que ganara la Argentina y no entiendo por qué, ahora que tenemos un premio Nobel, casi nadie está agradecido. América le debe a Chile dos premios Nobel no merecidos totalmente. Gabriela Mistral no, pero Pablo Neruda, sí. Yo estaba en Estocolmo en oportunidad del dictamen. No me vi con Neruda por razones políticas, ya que él era amigo del comunismo; pero aconsejó que me lo dieran a mí y yo, más allá de la política, que es algo efímero, les aconsejé que se lo dieran a Neruda.

Extra: Por último, Borges, ¿qué piensa de la propuesta que hizo el Papa a los gobiernos de Chile y nuestro país para solucionar el litigio austral?

Borges: Cualquier propuesta, cualquier paz, es preferible a la guerra. Yo soy un pacifista y creo que toda guerra es un crimen. Si un gobierno quiere una guerra tiene muchas razones para justificarla. Mejor es admitir que toda guerra es injusta, aunque no todas las guerras son injustas.
Bernardo Neustadt

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