jueves, 1 de enero de 1981

ENTREVISTA A JORGE LUIS BORGES - 1981

REVISTA EXTRA - AÑO XVI - Nº 187 - ENERO 1981
¿UN NUEVO BORGES?
Entrevista a Jorge Luis Borges

Don Jorge Luis Borges: espléndido escritor, maestro de la ironía cruel y escéptica, con algunos toques de ternura entreverados en su particular e inédito anarquismo. Nunca se tiene la certeza sobre sus intenciones finales. Sus variables son inagotables. En estos últimos tiempos se ha especializado en declaraciones inesperadas (por definirlas de alguna forma). La realidad es, a veces, un simple material para complacer su habitual juego intelectual, que cómodamente se mueve entre la sagacidad y el absurdo.

Extra: ¿Qué le gustaría realizar en este primer tramo del 81?

Jorge Luis Borges: Me gustaría poder concluir algunos libros ya empezados. Por ejemplo, tengo un ensayo sobre La Divina Comedia, me gustaría publicar la antología de mi obra que es casi poética, un libro sobre cuentos fantásticos y otro de poemas. Me gustaría, en fin, vivir unos meses más para poder completar estos trabajos.

Extra: Creemos que los va a vivir.

Borges: No. Yo pienso que no. Soy muy pesimista con respecto a mi vida.

Extra: ¿Qué lo hace reflexionar así? ¿1980 ha sido un año duro para usted?

Borges: Yo creo que fue duro para todos. Económicamente hay muchos problemas que espero que solucionen en 1981. Hace tiempo que el peso argentino corresponde económicamente a una cosa fantástica, lo que no ocurre en ningún otro país. Pienso que nosotros continuaremos declinando. No sólo nosotros sino Occidente también.

Extra: ¿Qué lo lleva a reflexionar en forma tan pesimista?

Borges: Europa ya no es lo que era antes. Ha perdido su hegemonía en las dos guerras civiles que llamamos mundiales y entonces ahora estamos a merced de dos países que fueron grandes en el siglo XIX y ahora son más bien mediocres.

Extra: ¿Mediocres los EE.UU. y la URSS?

Borges: Evidentemente hablo de ellos. Es una lástima, realmente una lástima lo de Europa.

Extra: Con la Europa de la que usted habla, ¿se hubiera evitado, por ejemplo, problemas como el de Polonia, con la tremenda presión soviética?

Borges: Ciertamente. Eso quiere decir que el gobierno ruso no es un gobierno revolucionario, es simplemente un imperialismo zarista que no ha cambiado en nada. Simplemente es eso.

Extra: Hace poco, conversando con la escritora Marta Lynch nos decía que rescataba como figura de 1980 al nuevo Borges. ¿Hay un nuevo Borges?

Borges: Supongo que todos estamos continuamente cambiando. Sería muy triste llegar a los 81 años siendo el mismo que cuando nací. ¿No? Yo estoy cambiando a cada momento. Como todos.

Extra: De acuerdo. Pero sus últimos juicios son más "terrenales", están más comprometidos con el "ser cotidiano".

Borges: No. No. Yo estoy comprometido únicamente con la ética. Yo no estoy afiliado a ningún partido político. Desapruebo imparcialmente el terrorismo de la izquierda y de la derecha. Yo como individuo, trato de ser un individuo ético, pero es difícil serlo.

Extra: ¿Cómo vivió las elecciones en los EE.UU.?

Borges: No sé. Estuve en los EE.UU. durante las elecciones y había una broma que todo el mundo repetía. Un señor va caminando por la calle y de pronto se le aparece otro y le pone una pistola al pecho diciéndole: "¿Por quién votará usted, Carter o Reagan?" Y entonces el primero le responde: "¡Haga fuego!" También había otra broma en Rusia. Decían que los norteamericanos tenían derecho a elegir presidente como si eligieran por Pepsi o Coca-Cola. Pienso que en esos chistes está un poco la opinión general.

Extra: ¿Cuál es su reflexión acerca de la última encíclica papal?

Borges: A mí los funcionarios no me interesan y el Papa es un funcionario, desde luego. Pero sus decisiones son importantes, aunque yo no sé cuáles son. De todas maneras no fomenta la guerra sino la paz y en ese sentido estoy de acuerdo con él. Desde luego yo no soy católico y pienso que el Papa es un político, tal vez más hábil que otros.

Extra: ¿Aparte de usted, que otras figuras rescata de 1980?

Borges: Yo no me rescato. Creo que ésa es una equivocación. A mí no me gusta lo que yo escribo. Yo no soy nadie para juzgarme ni compararme con hombres como Virgilio. Si tuviera que rescatar a otros, habría muchos.

Extra: ¿Qué le parece Walesa?

Borges: Perdí la vista en el año 55 y he preferido releer a leer. Conozco muy poco a los contemporáneos. Usted mencionaba hoy a esta señora Marta Lynch. Bueno, yo no he leído una línea de ella. Posiblemente sea bueno lo que ha escrito. Le insisto, yo a los contemporáneos no los leo.

Extra: Ya que orientó usted la pregunta hacia otro terreno, ¿quiénes relee?

Borges: Bueno, cuando viene gente a casa les pido que lean a Bernard Shaw, o que me lean a Schopenhaüer, Virgilio, Seneca, Chesterton.

Extra: ¿Seguro que a ningún contemporáneo?

Borges: Creo que hay un excelente novelista que se llama García Márquez. En los EE.UU. hay muchos buenos escritores totalmente olvidados. Lugones ha sido injustamente olvidado en la Argentina.

Extra: ¿Qué me dice de Pérez Esquivel?

Borges: Nada sé de él. Estoy de acuerdo con lo que dijo, pero no sé si tiene derecho a decirlo. Además me han dicho que fue terrorista y que se escandaliza del terrorismo de la derecha y no de la izquierda. Posiblemente sean calumnias. Yo no sé. A lo mejor es algo totalmente injusto, pero yo no sé nada de él. Además, como argentino deseaba que ganara la Argentina y no entiendo por qué, ahora que tenemos un premio Nobel, casi nadie está agradecido. América le debe a Chile dos premios Nobel no merecidos totalmente. Gabriela Mistral no, pero Pablo Neruda, sí. Yo estaba en Estocolmo en oportunidad del dictamen. No me vi con Neruda por razones políticas, ya que él era amigo del comunismo; pero aconsejó que me lo dieran a mí y yo, más allá de la política, que es algo efímero, les aconsejé que se lo dieran a Neruda.

Extra: Por último, Borges, ¿qué piensa de la propuesta que hizo el Papa a los gobiernos de Chile y nuestro país para solucionar el litigio austral?

Borges: Cualquier propuesta, cualquier paz, es preferible a la guerra. Yo soy un pacifista y creo que toda guerra es un crimen. Si un gobierno quiere una guerra tiene muchas razones para justificarla. Mejor es admitir que toda guerra es injusta, aunque no todas las guerras son injustas.
Bernardo Neustadt

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martes, 1 de abril de 1980

ENTREVISTA A LEOPOLDO FORTUNATO GALTIERI - 1980

REVISTA EXTRA - AÑO XV - Nº 178 - ABRIL 1980
“SOMOS PIE Y TENEMOS EL AS DE ESPADAS”
Entrevista a Galtieri en Tiempo Nuevo

“Se llama Leopoldo Fortunato Galtieri, es argentino, es Teniente General de la Nación, es comandante en Jefe del Ejército, tiene 38 años de transitar la vida militar”. Así cerró Bernardo Neustadt un capítulo fundamental de Tiempo Nuevo. La presencia del protagonista de la noche del 7 de abril resultaba de por sí apasionante. Pero, además, Galtieri se proyectó a través de la pantalla con una fuerza, con una personalidad y nitidez que asombraron a la platea. Hubo definiciones claras sobre el presente y el futuro del país. Conceptos para recordar y una visualización de un “gran país”, una “gran República” para el término de la década.

Bernardo Neustadt: Usted dijo "las urnas están guardadas y bien guardadas”. La frase cayó muy bien en algunos sectores argentinos y a otros diría que les pinchó el globo de la ilusión. ¿Las urnas están muertas?

Leopoldo Fortunato Galtieri: Creí ser claro. Estas palabras las expresé nada menos que en el Colegio Militar de la Nación, delante de cien coroneles, jefes y oficiales. El Ejército Argentino ha demostrado a través de su historia sentir a la República con mayúsculas, con una vocación de grandeza que marca rumbos. En cuatro años de Proceso nos ubicamos en un reordenamiento económico, en un proceso de lucha contra la subversión, de reimplantar el principio de autoridad que se había perdido, de tratar de recomponer los conceptos morales. Pero ahí no se agota el Proceso. El Proceso nunca tuvo por finalidad exclusivamente esto. El Proceso es un medio para transitar hacia un nuevo sistema de ideas que implemente una República que vaya hacia un proceso democrático continuo durante cien años.

Neustadt: Me imagino que usted como militar y yo como civil estamos cansados de gobiernos políticos, gobiernos militares, otra vez a los cuarteles, otra vez a la política... ¿Va a haber un porvenir estable? ¿Ese es el sistema de ideas?

Galtieri: No tengo ninguna duda. Todos debemos asumir la lección de la historia. Fueron cincuenta años de vaivenes políticos, civiles y militares. Tanto políticos como militares los ubico con la buena intención de argentinos; pero no dimos las bases en este último medio siglo para transitar una República cien años más. Dije “están bien guardadas”, pero no por creer que no deben ser usadas. Las urnas no son un fin, sino un medio para implementar el sistema. Debemos ponernos de acuerdo para transitar el futuro con estabilidad. Si pensamos que el fin son las urnas, vamos al abismo como sucedió hace unos pocos años. Antes de sacar las urnas debemos fijar las pautas, a partir de las cuales se implementará el nuevo sistema para evitar que mis camaradas jóvenes tengan en el futuro que retomar las riendas para no caer en el abismo. Las Fuerzas Armadas tuvieron que tomar el poder político de la Nación no como un fin sino como un medio de instrumentar el sistema de ideas que implemente una República que se desenvuelva democráticamente por cien años más. Las Fuerzas Armadas y la Nación no quieren el salto en el vacío. Practicamos el salto mortal y así nos fue. Cada paso del Proceso tiene que tener la firmeza suficiente para asegurarnos de dar nuevamente un salto mortal sin red abajo.

Neustadt: Cuando usted dijo “las urnas están guardadas”, hay gente que recibió la frase como un baldazo de agua fría.

Galtieri: Si hay alguno que ha pensado que el año que viene vamos a sacar las urnas y distribuirlas a lo largo y ancho del país para volver a la salida que alguna vez tuvimos, están totalmente equivocados.

Neustadt: Por el cronograma que ustedes marcaron, el próximo presidente será elegido por la Junta.

Galtieri: Está fijado que el próximo presidente de la Nación va a ser un militar designado por la Junta. De ahí en más seguiremos avanzando en dirección a la República y a la democracia estable. Creo que sería funesto acelerar un tránsito a las urnas, so peligro de que volvamos a las andadas y a los revolcones en el orden nacional. Como argentino, como comandante en jefe del Ejército, como padre, como ciudadano, prefiero dejarle a mis nietos estabilidad democrática donde todos, en diversidad y pluralidad, avancemos en la misma dirección en función de conjunto y de persona.

Neustadt: Le nombro la palabra "política". ¿Le tiene usted alergia? ¿Le parece que es un desprestigio?

Galtieri: Creo que es vital para la Nación. A mis cuadros les digo que para que haya grandeza nacional tiene que haber vocación política en los habitantes del país. Si yo me lanzara a una batalla con mi ejército sin vocación de lucha, no podría pretender la victoria. Yo deseo grandeza nacional para la Argentina y para ello hay que tener vocación política. Creo que hasta hace muy poco no eran muchos los que se preocupaban y dedicaban al bien común.

Neustadt: Los que no se metían...

Galtieri: Sí, la expresión “no te metas”. Si esto sigue teniendo vigencia, la democracia argentina no tiene solución. Pero yo creo en el pueblo argentino. Creo en el despertar nacional después de haber transitado y cruzado un gran río de sangre, que no volveremos a pasar. Y esto creo que está claro. Los argentinos hemos asumido, individual y colectivamente, el sentido de la responsabilidad.

Neustadt: Tuvieron que pelear, pero junto a ustedes estuvo una opinión pública que no vaciló en decir: estamos con ustedes. ¿Sintieron que la ciudadanía los acompañaba?

Galtieri: Si el pueblo argentino no nos hubiese acompañado, tenga la certeza de que esta victoria militar no se hubiera obtenido.

Neustadt: Yo me asusto cuando encuentro personas que me dicen “no tengo ninguna ambición”. Cuando usted siente las palabras “ambición política”, ¿qué piensa?

Galtieri: La ambición es razonable. Una ambición en los términos justos de la valoración personal y colectiva es productiva y necesaria. Si yo no tengo ambición de progresar en la vida, es como ser un gusano al lado de un árbol. El hombre debe tener ambiciones respetables dentro de las normas de convivencia; ambiciones políticas para proyectarse en el bien común de la Nación que está representando.

Neustadt: Hay algo que usted dice permanentemente: “No vamos a hacer un país, sino un gran país”. Teniente general Galtieri, ¿vivirá esta sociedad con ganas de que sea así? ¿Somos una sociedad para ser “un gran país” o para ser “un país”? Yo tengo dudas...

Galtieri: No tengo dudas. Mi deseo es que no tenga dudas ninguno de los 26 millones de habitantes de este país. Un país con capacidad para 200 millones. Veamos lo que está ocurriendo a nuestro alrededor: en Latinoamérica, en Europa, en Asia, en Africa. Me gustaría que cada argentino hiciera una composición de lugar y comparara. Por supuesto que acá no hay ninguna varita mágica. Hay un país al cual el Señor le ha dado un montón de cosas y 26 millones de habitantes, argentinos y extranjeros, que como dice nuestro preámbulo quieran habitar nuestro suelo y trabajar laboriosamente, en libertad. En el extranjero hay quienes llaman a este gobierno militar “dictadura”. Yo le aseguro que en muchos países democráticos no existe la convivencia, la libertad de expresión, la libertad de movimiento, la libertad de trabajo y de decir que existe hoy en la República Argentina. Lo invito a tomar los diarios del domingo, lunes y martes, y verá que lo que se dice no son aplausos.

Neustadt: Sí, los he leído.

Galtieri: Esta es la convivencia argentina, la oxigenación, el tránsito hacia la República que queremos todos los argentinos.

Neustadt: Le confieso que a veces soy escéptico; pero lo escucho y salgo excitado. Sucede que tenemos todo, pero también somos argentinos, y a veces hemos sido 26 millones de contrarios; ahora tengo la sensación de que hemos cambiado de rumbo.

Galtieri: Creo que vamos en un muy buen camino, que hay divergencias de opiniones, pero el camino de avanzada está definido y no vamos a claudicar. Los argentinos ya somos adultos. Hace tres años éramos desconocidos en el mundo; hoy usted puede ver que han descubierto a la Argentina. Somos pie y tenemos el as de espadas.

Neustadt: Usted quiere que los argentinos nos sintamos protagonistas, pero a veces nos colocan como espectadores...

Galtieri: Cuando asumí se dijo que nosotros debíamos construir un gran país y ver los resultados en la década del 80. Y que al término de ésta década debíamos mostrar al mundo una gran República. Eso lo pienso vivir yo.

Neustadt: Estoy de acuerdo. Lo que pasa es que al decir nosotros, da la sensación de ustedes, no de ustedes y nosotros.

Galtieri: “Nosotros” somos los argentinos, los 26 millones de argentinos. ¿O no es realidad la implantación del principio de autoridad? ¿La recomposición económica del país? ¿La nueva presencia internacional argentina? ¿El diálogo, la libertad y la paz? ¿Quiénes consiguieron todo esto? ¿Nosotros? ¿Yo, comandante? No. Lo consiguieron los 26 millones de argentinos. Esto es un éxito de la Nación toda, no sólo de las Fuerzas Armadas. Creo que en los próximos diez años construiremos esa gran República. Aspiro a verla.

Neustadt: Usted está hablando en un tono razonablemente emocional. Es un razonador emocional. Tiene fuerza porque está convencido. Ahora levanto la vista, veo la imagen del Libertador y me acuerdo de aquella frase: “Serás lo que debas ser o sino no serás nada”.

Galtieri: Durante diez años San Martín, con un núcleo de argentinos, realizó la gran epopeya. Con Bolivar dio la libertad a América y en aquella época no había boeing, publicidad, televisión, autos, caminos pavimentados. Yo le pregunto a los argentinos de hoy, de 1980, cómo no vamos a poder transitar el camino de la Argentina en democracia y en progreso y expandir, además, el espíritu de la libertad como lo hizo San Martín en aquella época.
Bernardo Neustadt

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miércoles, 1 de agosto de 1979

Encuentro entre Raúl Prebisch y Juan Alemann - 1979

REVISTA EXTRA - AÑO XV - Nº 170 - AGOSTO 1979
UN ENCUENTRO APASIONANTE
Encuentro entre Raúl Prebisch y Juan Alemann

“Para mí es un gran honor poder dialogar a través de la televisión con ese gran maestro que es Raúl Prebisch. Lo conocí cuando era chico. Era amigo de mi familia y ya entonces era un gran hombre”. Con este reconocimiento al economista argentino, radicado en los Estados Unidos, inició el doctor Juan Alemann su participación en “Tiempo Nuevo”, con la conducción de Bernardo Neustadt, en un programa inolvidable. “El hombre que inventó el impuesto a los réditos frente a quien los cobra”, decía la promoción. Pero hubo otros temas que hacen a los grandes dilemas del presente: acumulación y distribución de ingresos, la dieta energética, luz roja para la sociedad de consumo, remedios para la inflación y las decisiones políticas. En 45 minutos, una síntesis polémica y acuciante sobre un mundo y un país, Argentina, que se enfrenta a alternativas de hierro.

Raúl Prebisch: El progreso técnico en los EE.UU. fue explosivo después de la Segunda Guerra Mundial. Y este extraordinario desarrollo es frágil porque se basa en un recurso natural agotable. Lo que está ocurriendo en materia de precios de petróleo es serio y acentúa la inflación norteamericana, pero no es lo único responsable de ella. Hace unos días leí que Ford estaba desarrollando con éxito un motor que consume menos gasolina y contamina menos. Esto no se hizo antes por el bajo precio del petróleo mientras la tecnología producía automóviles más grandes y complejos. Así se distorsionaron la investigación tecnológica y las industrias. Lo que más me consterna es la trasposición de esa sociedad de consumo a nuestro país en detrimento del nivel de vida de una parte de la población.

Juan Alemann: Lo que Prebisch dice del petróleo es cierto. Es uno de los grandes problemas de la economía del mundo. En cuanto a su referencia a la sociedad de consumo, es una vieja tesis suya. Pienso que en un mundo que se achica por las comunicaciones es difícil impedir que la gente quiera acceder al consumo que tienen los países más desarrollados. Si esto se prohibe genera frustraciones.

Prebisch: ¿Cuál es el problema de la inflación en el fondo? Los EE.UU., por su enorme potencial, se hicieron la ilusión de que podían hacer muchas cosas a la vez: aumento considerable de consumo, inversiones nacionales e internacionales de las empresas transnacionales y un pesado gasto en armamentos que absorbe el 7% del producto nacional. Los gastos de Vietnam, entre 100.000 y 120.000 millones de dólares, acentuaron una inflación relativamente suave hasta ese momento. Para financiar ese gasto no se recurrió, por razones políticas comprensibles, a otras fuentes financieras. Además, se ha desarrollado -en hora buena- el poder político y sindical de la fuerza del trabajo que quiere compartir el aumento de productividad y defender sus ingresos. Estamos en una inflación de tipo social que difiere de la anterior y no tiene corrección dentro del sistema. No hay política monetaria ni en el centro ni en la periferia que pueda contener una inflación de esa naturaleza. Estamos viviendo en un sistema de acumulación y distribución del ingreso que es el resultado de choques de fuerzas y relaciones de poder y no un plan racional de distribución de estos recursos en función de las necesidades colectivas. Lo cual no tiene por qué interferir en la libertad económica. Me horroriza el Estado que se ocupa de todo. Y se ocupa porque tiene que poner parches a todos aquellos aspectos en que el mal funcionamiento del sistema lo lleva a intervenir. ¿Por qué? Porque se abstiene de intervenir en los datos fundamentales: la acumulación y distribución de la que hablamos.

Alemann: Al comienzo de este bloque Prebisch tocó un aspecto que encuentra semejanzas a lo nuestro. Aquí queremos hacer grandes obras públicas y, en ese sentido, somos el gobierno más realizador de la Argentina. Al mismo tiempo que nos preocupamos por elevar el consumo queremos tener una economía a pleno, Fuerzas Armadas modernas, como se supone debe ser en el mundo que vivimos. Todo esto lo queremos tener con estabilidad monetaria y es muy difícil. Prebisch habla de un plan global: es difícil y es ir demasiado lejos. Lo que hay que tener son las ideas claras sobre las contradicciones dentro de la economía, es decir, las opciones. Optamos por una alta inversión o por un alto consumo, pero no por las dos cosas. Optamos por una economía recalentada, con tasas de desocupación inexistentes o por la estabilidad monetaria. En la medida que tengamos claridad sobre esto tendremos claridad en nuestros objetivos.

Bernardo Neustadt: ¿No será la hora, Juan Alemann, de acostumbrarnos a vivir con la inflación aprovechando alguna parte positiva como la obra pública, el pleno empleo, consumo?

Alemann: En este momento aceptamos la inflación como un mal necesario. Pero no debemos olvidar que es una enfermedad que causa problemas de nerviosismo social, que es desagradable. Tarde o temprano hay que reducirla por lo menos a niveles civilizados.

Neustadt: Aquí, en algún lugar, Prebisch tocó el gran tema argentino...

Alemann: Resulta un poco gracioso que el hombre que fue prácticamente el fundador del Banco Central, gerente de esta institución y director de la política monetaria argentina, esté ahora en una posición que afirme que la política monetaria no sirve. Creo que exagera un poco. Comparto su idea de que con la política monetaria no se puede lograr estabilidad si además no hay grandes decisiones políticas. Pero la política monetaria puede ser tal que exacerbe todas esas presiones inflacionarias y puede ser, por el contrario; restrictiva, es decir, que ponga freno a esas presiones de grupo que Prebisch señala tan dramáticamente. El habla de un gran plan y yo digo que, en última instancia, hace falta una política. Aquí hay grandes decisiones políticas que tomar sobre los pedidos de mayores ingresos de un sector en detrimento de otro. Si esto se deja chocar libremente desemboca en una gran inflación, y si no se permite, termina en una gran recesión.

Neustadt: ¿Tiene solución dentro del sistema?

Alemann: Creo que no tiene solución dentro de un liberalismo tipo siglo XIX. Esto requiere una solución del Gobierno. De lo contrario no tiene solución. Este gobierno ha tomado más decisiones políticas que ningún otro. Y fueron decisiones fundamentales. La inflación hay que bajarla y habrá que tomar grandes decisiones política. Prebisch dice que dentro del sistema no hay solución. Yo diría que la tiene pero a través de una recesión muy grande y muy dura que el mundo moderno no está dispuesto a aceptar.


Prebisch: Aprendí la palabra inflación en la Universidad. Estando yo en el Banco Central no había inflación. La guerra nos trajo la inflación de origen externo por el alza del precio de las importaciones y la afluencia de los recursos. Se la contuvo dentro de ciertos límites pero faltó una política sabia y justa de reajuste de las remuneraciones. Esto fue aprovechado por el general Perón, pero no con prudencia sino con reajustes masivos que dieron lugar a la espiral inflacionaria.

Alemann: Prebisch está en lo cierto. Argentina vivía en un mundo estable hasta la época del peronismo. Luego vienen los aumentos masivos de salarios más otras medidas económicas que desencadenan una espiral inflacionaria, que con muy breves interrupciones sigue hasta hoy. Fueron breves, lo que demuestra que no se corrigieron los problemas de fondo. Corregir la inflación en esta época es muy distinto que hacer la política que Prebisch señala anterior al 43. El, en aquel momento, con instrumentos monetarios pudo mantener el nivel de la inflación. Hoy no lo podría hacer más. Hoy tendría que ir a las grandes decisiones políticas que debe estar en manos del Gobierno. No puede haber grupos -llámense sindicatos, sectores industriales o agropecuarios- que tengan el poder de torcer una decisión del Gobierno. Esto debe entenderse bien. Si nosotros nos olvidamos de la inflación y juzgamos la acción de este Gobierno por lo que hace, por las obras y por parámetros reales, el resultado es muy positivo y realmente creo que se ha beneficiado a los grupos mayoritarios de la población, porque aun en el nivel del simple trabajador esta gran movilidad que existe, y que es un fenómeno nuevo en que la gente cambia de empleo y consigue continuamente un empleo mejor remunerado, es favorecido. Al mismo tiempo, si miramos parámetros de consumo, el alto consumo de carnes, de textiles y de algodón, que son propios de los niveles menos pudientes de la población, nos damos cuenta que hay un desarrollo favorable para todos. Ahora, la gran duda que uno tiene es si esta amable convivencia con la inflación puede durar.

Prebisch: No hay posibilidad de luchar contra la inflación sin la transformación del sistema. Pero el gran problema es transformar el sistema, no solamente no vulnerando la libertad económica, que es base esencial de la libertad política, sino exaltando la iniciativa privada. Pero, sí, se necesita regular la acumulación y la distribución, cosa sumamente difícil, pero a mi juicio inevitable en la evolución del capitalismo. La otra solución es la de poner todos los medios productivos en manos del Estado para poder regular la acumulación y la distribución. Pero ya sabemos que económicamente no es una solución aceptable y sobre todo políticamente. Porque políticamente significa dar a una pequeña minoría la responsabilidad del funcionamiento de todo el sistema, y entonces la libertad del individuo desaparece por completo y es un totalitarismo. Mi conclusión es que hay que llegar a una gran síntesis entre el liberalismo económico y político y el socialismo. El socialismo, para determinar, en el conjunto de la economía, lo que se ha de acumular y cómo se ha de distribuir estructuralmente. Y el liberalismo, para dejar la libre iniciativa, porque si usted resuelve el problema de la acumulación y de la distribución y suprime las luchas de relaciones de poder el sistema va a funcionar mucho mejor, con mayor fluidez y no será necesario intervenir en la vida económica de los individuos como se está interviniendo en todas partes...

Alemann: Me resulta grato escuchar a Prebisch apoyando la iniciativa privada. Es uno de los principios básicos de nuestra política: reducir el Estado y devolver a la actividad privada lo que es propio de ella. También tenemos presente el problema de la distribución. Lo que Prebisch está planeando es, en el fondo, la preocupación de todos los grandes estadistas de Occidente. Es decir: cómo no coartar la iniciativa privada y lograr al mismo tiempo un sistema socialmente más equitativo, más aceptable según los ideales de nuestra época. Esta es una de las grandes ideas de nuestra política. Abrir la sociedad para que existan más oportunidades para todos. Una sociedad donde sea necesario hacer un esfuerzo diario para merecer la posición económica que se tiene. Creo que esto no se puede lograr, de acuerdo al ideal social de Prebisch, simplemente a través de un Estado bueno que distribuye y regala. Esto se probó en la Argentina y en otras partes y condujo a un achatamiento de la sociedad. Creo que el gran método de redistribución de ingresos y de lograr mayores oportunidades es la educación. Y en esto lo estamos haciendo.

Neustadt: Me han dicho que Prebisch es izquierdista.

Alemann: No, no lo es.

Bernardo Neustadt

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domingo, 1 de julio de 1979

ENTREVISTA A JOSÉ ALFREDO MARTÍNEZ DE HOZ - 1979

REVISTA EXTRA - AÑO XV - N° 169 - JULIO 1979
MARTINEZ DE HOZ: "LA INDEXACION MENTAL"
Entrevista a José Alfredo Martínez de Hoz

En la Argentina la economía es una verdadera "vedette". Nadie le puede discutir el cartel. Confluye en ella la mayoría de las controversias más apasionadas que se escuchan en el escenario actual de nuestro país. Vivimos con los índices inflacionarios, la indexación y los aranceles en la palma de nuestra mano. Temas que en otros lugares son manejados por minorías, aquí los comenta y discute cualquier ciudadano, hombre y mujer. EXTRA formuló al doctor José Alfredo Martínez de Hoz tres preguntas sobre los puntos que en estos momentos ocupan particular atención: la batalla contra la inflación, la Argentina indexada y la inversión externa. Textualmente éstas fueron las respuestas del ministro de Economía.

Bernardo Neustadt: La batalla contra la inflación vista a 3 años y 5 meses, ¿se va ganando o perdiendo?

José Alfredo Martínez de Hoz: En esta proceso todos tenemos mentalidad ganadora y hemos de seguir perseverando para lograr la derrota de la inflación. Para considerar los progresos realizados en la materia y cuáles son las perspectivas futuras debemos tener en cuenta lo siguiente. En primer lugar, que hemos partido de niveles muy altos rayanos en una verdadera hiperinflación y que ello ha causado tremendas distorsiones en la economía y entre sus diversos sectores que tarda cierto tiempo corregir. Por otra parte, no debe olvidarse que el programa económico no se propuso simplemente para solucionar las crisis existentes en marzo de 1976, sino revertir toda una política económica que había sido seguida durante los últimos 30 años -salvo algunos períodos de excepción-, que había conducido al fracaso y al estancamiento económico. Para ello ha debido actuarse en profundidad, reformando ciertas estructuras básicas económicas, lo que requiere un necesario tiempo de implementación y otro adicional para que rindan plenamente sus efectos y sus beneficios se vuelvan evidentes ante la opinión pública. Además muchas de estas medidas que tienen un objetivo básico de saneamiento y de fortalecimiento de la economía, tienen efectos negativos con respecto al proceso inflacionario en el corto plazo. Para poner algunos ejemplos bastaría recordar que para reconstruir el mercado de capitales, indispensable para lograr el crecimiento de la inversión que promueva el desarrollo económico, ha sido necesario volver a estimular el ahorro en pesos argentinos a través de la liberación de las tasas de interés. Esto en el corto plazo tiene un efecto de elevación de costos financieros y por lo tanto de precios que aparece como negativo, si bien es necesario sortearlo para poder cumplir y alcanzar el objetivo básico. Lo mismo podría decirse de la eliminación del congelamiento de alquileres para poder promover realmente la construcción privada de viviendas, que el corto plazo tiene como efecto negativo sobre el índice de precios el aumento de dichos alquileres. También podríamos mencionar el reajuste a las tarifas de servicios públicos y del precio de los combustibles, que implican eliminar subsidios que afectaban la marcha de nuestros servicios públicos y de sectores importantes de la economía, y que en el corto plazo también inciden sobre el índice de precios retardando el descenso de la inflación. A todo ello podríamos agregar que en el curso del presente año estamos asistiendo a un importante crecimiento en el nivel de los precios internacionales que debemos absorber en nuestros costos internos. Ello significa que si hubiéramos tenido el mismo nivel de precios internacionales, tanto agropecuarios como industriales que los del año pasado, la evolución del crecimiento de nuestros índices de precios serían sensiblemente menor. O sea que estamos llevando también a cabo el proceso de la lucha antiinflacionaria absorbiendo en estos momentos una "inflación importada" que también retrasa la reducción de índices de precios. Tampoco debemos olvidar que los índices de precios se están tomando como una medida de la inflación cuando no son exactamente lo mismo. Son indicadores de precios. Por otra parte, el hecho de que en otros sectores de la economía se ha logrado revertir la situación negativa anterior muy rápidamente, tales como el caso del sector externo, de la balanza de pagos, de la recuperación de la confianza en el exterior, la plena ocupación, la reactivación de las actividades productivas, la inversión pública que comienza a recuperar nuestro atraso en la infraestructura económica, como las importantes obras públicas, energéticas, de transportes, de comunicaciones, etc., no significa que la recuperación en todas las áreas, como por ejemplo el descenso de la tasa inflacionaria, pueda ser igualmente rápida. O sea que cada cosa tiene su esfuerzo. Por ello el hecho de que se hayan logrado resultados muy rápidos en algunos sectores no significa que ello deba desalentar y considerar que se está perdiendo en otros donde se avanza más lentamente. Ese eslogan de "tiempo y esfuerzo" tiene una permanente vigencia y si lo perdemos de vista vamos a carecer de la necesaria dosis de voluntad para perseverar en el camino trazado. En este esfuerzo contra la inflación he dicho más de una vez que el Estado es el primer responsable tanto como por haberla causado como para enfrentar y llevar adelante la batalla. Pero ello no significa que todos los agentes y factores de la economía, o sea todos los miembros de la sociedad argentina, puedan desentenderse del problema y se sientan ajenos al mismo y que únicamente dependa de la acción del Gobierno el que tengamos éxito. Por el contrario cada uno de los ciudadanos argentinos, consumidores, productores, trabajadores, profesionales, industriales, comerciantes, todos ellos tienen que aportar su cuota de esfuerzo y de adaptación mental a estas nuevas reglas de juego que hemos establecido para la economía. Desde el momento en que todos se sientan protagonistas en esta lucha y cada uno aporte el peso de su acción en el mismo sentido, los resultados serán más rápidos.

Neustadt: Brasil se arrepintió de su idea innovadora: la indexación. Declaraciones del ministro de Planeamiento, Mario Enrique Simonsen, afirman y confirman una idea nuestra: indexar es realimentar la inflación y confirmar el alza de precios. Ellos van a desindexar gradualmente. ¿Usted cree que llegó la hora de terminar con la Argentina desindexada?

Martínez de Hoz: La indexación es un sistema que es utilizado en aquellos países que sufren una alta tasa inflacionaria como medida para evitar, en cierta forma, las situaciones de injusticia que ello causa y las distorsiones que produce. Sin embargo la indexación generalizada puede llegar a institucionalizar la inflación y también a realimenterla. En este sentido no ha sido nunca la intención de este gobierno llegar a promover una indexación generalizada de la economía. Las medidas generales que se tomaron al respecto se limitaron prácticamente a la indexación de las deudas impositivas y previsionales, y luego ante el pedido de los acreedores del Estado también a indexar las deudas del Estado para con ellos. Pero cuando la población comenzó a pensar en términos reales, es decir, a comparar el índice de inflación con la capacidad adquisitiva de la moneda, o sea a darse cuenta cómo la inflación incidía sobre la capacidad adquisitiva de la moneda y sobre su posibilidad e adquirir bienes o pagar servicios que consecuentemente se reducían, la indexación fue generalizada por el público que la extendió a una gran cantidad de transacciones, llámese pago de alquileres, compras con pago a plazos o sea, cualquier cosa que implicaba una demora en el término de pago era automáticamente indexado o corregido en su valor monetario de acuerdo con la evolución de un índice de precios. Esto ha llevado a lo que hemos mencionado más de una vez como una verdadera indexación mental que se ha producido en la población argentina que nosotros consideramos ha llegado a extremos insatisfactorios y precisamente ello es una de las causales de la realimentación de la inflación actual porque a través de este proceso el índice de precios, mirando como único factor a través del cual muchos juzgan a la economía argentina a través de una visión unilateral, se transforma a su vez en un factor desformador de la realidad. De manera que creemos que lo primero que hay que hacer para iniciar el proceso de desindexación es no tomar al índice de precios como el único indicador a través del cual hay que juzgar la marcha de la economía, sino mirar a todos los demás indicadores económicos. De esa manera podrá hacerse un juicio más adecuado y más equilibrado sobre la evolución económica y sus resultados.

Neustadt: Su imagen en el exterior es, sin duda alguna, única. En los centros de radiación internacional nunca hubo un ministro de Economía que emitiera similar magnetismo. Además respaldado por el presidente de la República y operando en un programa filosóficamente dispuesto por las Fuerzas Armadas. ¿Por qué, entonces, la inversión externa, a juicio nuestro, es tan escasa? ¿Qué más necesitan los grandes capitales del exterior para saber que aquí tienen rentabilidad, seguridad, estabilidad?

Martínez de Hoz: Consideramos satisfactorio el monto de inversión extranjera aprobado en el transcurso de los últimos 27 meses que suma U$S 1350 millones, equivalente a más del 30%del total de la inversión extranjera existente a la fecha de la sanción de la nueva ley, especialmente si se tiene en cuenta nuestra historia de las últimas décadas y la situación a la que había llegado el país en marzo de 1976. Asimismo, el ritmo creciente que ha ido tomando la inversión extranjera en que el monto aprobado durante 1978 ha duplicado el correspondiente a 1977, y el año vigente muestra igualmente una tendencia positiva, nos indica que el inversor extranjero va recobrando la confianza en la estabilidad institucional del país y la continuidad del programa económico, factores esenciales para una inversión de capital.
Bernardo Neustadt

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sábado, 1 de julio de 1978

ENTREVISTA A HENRY KISSINGER - 1978

Entrevista a Henry Kissinger en Tiempo Nuevo

Desde “chiquito” -ironía- soñaba con dos grandes reportajes que harían cumbre mi trayectoria periodística: Henry Kissinger y Mao Tsé-Tung. Este murió. “El sueño de Kissinger propio” lo cumplí el mismo día que la Argentina se clasificó campeón del mundo. Ese domingo inolvidable, 25 de junio de 1978, a las 9:59 de la mañana, Henry Kissinger descendió de su automóvil blindado en la calle Pavón 2444, Canal 11, y me estrechó la mano, con una de las pocas sonrisas que suele tener. Me daba la exclusividad televisiva de su presencia en la Argentina. Un año atrás, en Washington, la había prometido. Cumplía...

Bernardo Neustadt: El señor Kissinger está esta noche con nosotros. Yo no termino de agradecerle. Yo quisiera dar una semblanza previa de Henry Kissinger. Cumple hoy 55 años y 30 días. Ustedes saben que nació en Alemania, en el Ruhr, y que hace cuarenta años que sus padres lo trasladaron a él y a su hermano a los Estados Unidos. Trataba de escapar de la acción racista de Hitler y justamente en ese país empezaba una trayectoria que lo llevaría a ser a veces el número uno del mundo, a veces el número dos. Su padre era un maestro de escuela y su madre tuvo que trabajar esforzadamente para mantener ese hogar. Después él propuso ir a Washington, se ve que sabía que en Washington está la Casa Blanca, que de algún modo es el poder. Y entonces, como tenían influencia los hijos sobre los padres, fueron a Washington. Hizo el servicio militar, lo sorprendió la Segunda Guerra Mundial. Tuvo que actuar como sargento en Alemania, y en el área Inteligencia. Es lógico, ¿dónde lo iban a mandar sino al área Inteligencia? Al volver, a los 22 años, se doctoró en Ciencias Políticas, Relaciones Internacionales e Historia. Tiene dos hijos. Uno de ellos está en la Argentina, David. Fue asesor de cuatro presidentes: Kennedy, Johnson, Nixon y Ford. Colaboró con Nelson Rockefeller en una campaña contra Nixon y cuando terminó la campaña Nixon lo nombró asesor y después secretario de Estado. Lo que reveló Nixon era no tener miedo a la inteligencia y convocarla. Es premio Nobel de la Paz. Manejó la guerra de Vietnam. Llegó a ser, a mi juicio, más importante a veces que los presidentes que asesoró. Dicen que vivió en un avión con un cepillo de dientes. Y punto. Para ir a China, Africa, Asia. En 1974, el 30 de marzo, se casó con la señora Nancy Sharon Maginnes, quien lo convenció de que vivir no casado era estar un poco desaliñado. Y tuvo que estar en el poder durante ocho años, con un sueldo muy austero, como es siempre el poder. Y ahora que dejó el poder parece que sus memorias le van a permitir vivir con cierta comodidad. Es profesor en la Universidad de Georgetown, con una remuneración menor que las que se gana en televisión, por supuesto, como ocurre siempre con los profesores. Y, por fin, tuvo el mundo en sus manos y ahora cada vez que el mundo tiembla, lo mira a él. Y él dirá, ¿a mí por qué me miran? (a Kissinger) ¿Usted sabe por qué lo miran? ¿Dudó mucho en venir a la Argentina?

Henry Kissinger: Sí, es cierto que recibí mucha información contradictoria, al principio, acerca de viajar a la Argentina, pero la República Argentina es un país tan importante en este hemisferio, para nosotros, que yo decidí finalmente aceptar la invitación a venir.

Neustadt: Con la mano en el corazón quiero que me diga si merecemos la falsa imagen que tenemos.

Kissinger: Yo creo que la historia de la República Argentina no es completamente entendida en los Estados Unidos y en otros países de Europa.

Neustadt: La opinión pública norteamericana, ¿sabe algo de la Argentina?

Kissinger: Creo en general que la opinión pública norteamericana no está interesada en política exterior. No saben mucho de la República Argentina. Y además, sobre todo, no saben mucho de la historia de los últimos diez años de la Argentina.

Neustadt: ¿Sabe la tragedia, por supuesto, como experto, como interesado en los problemas internacionales, la tragedia que vivió la Argentina?

Kissinger: Tengo que decir que aún yo, que se supone que debía ser un experto en relaciones internacionales, no sabía todo lo que había pasado en la Argentina en esos diez años y debo decir que estudié bastante antes de venir justamente en esta gira para familiarizarme con muchos detalles que no eran totalmente conocidos. Por lo tanto, mi conocimiento actual de la Argentina no depende solamente de lo que aquí se me ha informado, sino de lo que yo averigüé, previamente, mediante el estudio que hice.

Neustadt: ¿Y qué sabe de bueno y qué de malo de nosotros?

Kissinger: Yo debo decir que en primer lugar me ha impresionado la forma cordial y calurosa con que he sido recibido por los argentinos y por sus hombres de distintos niveles. Yo me he tomado el trabajo de visitar gente que refleja distintos espectros de la sociedad argentina y su cordialidad y su hospitalidad me han impresionado muy, pero muy favorablemente.

Neustadt: Doctor Kissinger, al referirse usted a estos últimos diez años de tragedia en la Argentina, yo le voy a hacer esta pregunta, relacionada con la observación suya. Aquí en la Argentina, cuando empezó el terrorismo, mucha gente creía que su origen era exclusivamente local, en el sentido de que provenía de causas, o de errores o de culpas nuestras. Hoy, a la luz de la experiencia mundial en la materia, ¿usted cree que el terrorismo se origina en el interior de los países o que es más bien un fenómeno internacional?

Kissinger: Quiero decir que aun yo, como estudioso de asuntos internacionales y como secretario de Estado en aquella época no conocía la extensión de la gravedad del problema del terrorismo en la República Argentina. Porque no era publicado todo lo que debía haberse publicado sobre el tema. No creo que, de ninguna manera, el terrorismo sea un problema argentino. Creo que es un fenómeno internacional. Y la guerra o la lucha que la Argentina tuvo que librar contra el terrorismo es de importancia. No solamente para la Argentina sino para muchos otros países.

Neustadt: Ahora, el doctor Kissinger cree que el terrorismo puede levantar los slogans fáciles de que trata de mejorar la vida democrática de los países, que el problema que tienen es la pobreza, que tratan de algún modo de lograr un molde mejor?

Kissinger: Yo pienso que todo el mundo tiene que estar a favor de combatir la pobreza. Todo el mundo tiene que estar a favor de distribuir un poco mejor las riquezas materiales. Pero creo que el gobierno argentino, por ejemplo, está tratando de hacer eso. Está tratando de lograr una mejor distribución de la riqueza y del acceso a lo material. Yo no creo que los terroristas estén realmente interesados en mejorar el estándar de vida de los pueblos y creo que son los más grandes violadores de la decencia, básicamente creo que son los más grandes violadores de los derechos humanos. Son en realidad los fascistas de hoy día con eslóganes de extrema izquierda.

Neustadt: Lo curioso es que esto que dice el doctor Kissinger a veces no lo sepan los gobiernos, es decir, que así como los verdaderos violadores de los derechos humanos son los que forman parte del partido de la muerte, sin embargo, el gobierno norteamericano y otros gobiernos del mundo están más preocupados por los asesinos y su situación que por los asesinatos que cometen.

Kissinger: Yo creo que si el pueblo norteamericano hubiera conocido más de la situación en la República Argentina en los últimos diez años, es muy probable que entonces hubiera podido tener una mejor perspectiva sobre la situación y quizá no hubiera concentrado toda su preocupación sobre lo que está ocurriendo últimamente.

Neustadt: El New York Times publica, previo pago, solicitadas de los montoneros. Con eso informa a la opinión pública de los Estados Unidos y me imagino que también al gobierno. Una importante editorial argentina quiso publicar ocho páginas en L’Express y París Match, sobre la realidad argentina. Y no se lo aceptaron, aunque también pretendían pagarle. ¿Qué pasa con la prensa en el mundo?

Kissinger: En general, la prensa mundial parece que es un poquito más crítica de los gobiernos de tipo militar o conservador, que de los gobiernos de tipo radical.

Neustadt: Sin embargo, yo lo escuché el otro día, doctor Kissinger, señalar algo con lo cual coincido plenamente; que la opinión pública en el mundo parece ir en sentido contrario, hacia la derecha.

Kissinger: Yo creo que la opinión pública mundial está un poco cansada de la turbulencia creada en los últimos años y que quiere buscar un sistema con el cual pueda vivir en paz y si conociera todos los detalles, seguir apoyando aún más esa posición. También creo que las condiciones que fueron necesarias para utilizar en la época de guerra, tienen que ser también apropiadas para una época de paz.

Neustadt: Después de Aldo Moro en Italia, ¿se comprendió mejor en los Estados Unidos que el terrorismo ya no era un problema de países subdesarrollados y sin democracia?

Kissinger: Es bien conocido ahora que el terrorismo en Alemania, Italia y otros países de Europa está dirigido contra los gobiernos legítimos y en última instancia dirigido justamente contra el sistema democrático.

Neustadt: Yo voy a terminar con la parte terrorismo, planteando una sola discrepancia. Le escuché y le leí al doctor Kissinger decir que una política indiscriminada de derechos humanos, es decir, retar a todo el mundo, está mal en materia de derechos humanos. Yo creo que el gobierno norteamericano no hace un uso indiscriminado, sino discriminado y selectivo. Reta a la Argentina y no trata ningún tema que tenga que ver con países con los que tiene negociaciones de otro orden, como si los hechos económicos pudieran tapar el deterioro de los derechos humanos que existen en otros países.

Kissinger: Como usted sabe y dijo, es cierto, yo he publicado que nosotros no deberíamos conducir una campaña de defensa de los derechos humanos para atacar a nuestros amigos. Pero quiero también decirles como antiguo secretario de Estado de mi país, que no quisiera comentar la política exterior de mi país en un país extranjero.

Neustadt: Doctor Kissinger, a usted también le he oído una distinción que quizás sería muy útil con respecto a esto, en cuanto a la crítica no discriminatoria del tema de los derechos humanos en el mundo. Es decir, Neustadt recién dijo que a veces se discrimina contra los amigos. Ahora la pregunta sería otra. ¿Es justo, es lícito usar la misma severidad con los países totalitarios, que son totalitarios como tales, y con los países que han tenido graves problemas de derechos humanos y ahora han asumido regímenes de fuerza para sobrellevarlos?

Kissinger: Yo hago una distinción muy grande entre los países que son de índole totalitaria, per se, y aquellos países que han tenido que tomar un gobierno fuerte, porque han tenido que afrontar una situación de emergencia, una subversión, etcétera, pero que practican, pronostican sus deseos de llegar al régimen democrático.

Neustadt: Una pregunta personal: ¿extraña el poder?

Kissinger: Yo tuve el poder ocho años en los Estados Unidos, un largo tiempo. Y además, en Estados Unidos se sabe que después de cierto tiempo termina ese reinado o lo que fuese.

Neustadt: Pero, ¿no está de algún modo convencido de que algún día lo van a llamar al poder de nuevo?

Kissinger: No hay nada que pueda yo hacer acerca de eso. Si ocurre, ocurrirá. Yo no puedo predecir nada.

Neustadt: ¿Es cómodo asesorar a cuatro presidentes que piensan distinto?

Kissinger: No, mi consejo ha sido siempre el mismo a los presidentes. Lo peligroso sería que yo tratara de ajustarme a los presidentes. Yo digo lo que considero que es justo. Luego es decisión de ellos si van o no a seguir el consejo que les he dado.

Neustadt: Doctor Kissinger, hablando de presidentes. ¿Usted cree que después de Watergate hay una crisis en la institución presidencial norteamericana?

Kissinger: No, no creo que se haya producido un aditamento de la posición presidencial. Pero lo que sí ha ocurrido es un desproporcionado crecimiento de la influencia del Congreso, que ha originado un poco de dificultades para el presidente de los Estados Unidos.

Neustadt: ¿Y cuál cree usted que va a ser la evolución de esa relación Congreso-Presidente?

Kissinger: Yo creo que va a haber dificultades posiblemente en los próximos tres años; pero considero que debe restablecerse un poquito más la autoridad del Poder Ejecutivo. Es decir, el Congreso puede tomar, hacer indicaciones en la política global de los Estados Unidos, pero no en la decisión táctica inmediata, que debe tomar el Poder Ejecutivo.

Neustadt: Hablando de autoridad, justamente. Hay gente que cree que la democracia occidental se está muriendo porque ya no tiene autoridad adentro. Quiero saber cómo se puede inventar una democracia donde los mejores lleguen al poder. Y cómo se puede conciliar la democracia con la autoridad.

Kissinger: Usted ha hecho una pregunta que está en el corazón de la filosofía política desde los comienzos de los tiempos, prácticamente. No se puede tener gobierno sin autoridad. Si la autoridad se desintegra, también se va a desintegrar la democracia. Y este es el problema del mundo occidental en el momento actual. Pero también es posible tener demasiada autoridad, como estamos viendo en Europa occidental en estos días. En la Unión Soviética, donde llega prácticamente a una burocratización, ¿no es cierto? Gran sufrimiento. Yo creo que la democracia occidental tiene que combinar el problema de autoridad con libertad. Y evitar que la autoridad se convierta en opresión.

Neustadt: Hoy en día en las democracias occidentales, ¿hay elecciones demasiado frecuentes y encuestas demasiado frecuentes, en relación con ciertas con ciertas “shick wick” que quitan ese mínimo de libertad al propio gobierno?

Kissinger: Yo creo que en los Estados Unicos las elecciones están bien como están. Y en Gran Bretaña tenemos elecciones cada cuatro años y medio, más o menos. Depende de la idiosincrasia de cada país. La cuestión de los votos de opiniones públicas, las encuestas, eso sí es diferente. Porque crea un sentimiento de inseguridad entre los líderes. Lo que pasa es que el público a través de la encuesta de opinión pública quiere el éxito, pero si el gobierno sigue las indicaciones de las encuestas, entonces puede fracasar. Uno se convierte en un líder porque tiene una concepción de futuro y porque tiene una energía suficiente para llegar a ese futuro, no para fijarse en detalles.

Neustadt: El libro “Perfiles de coraje”, del presidente Kennedy dice que supieron ir contra la opinión.

Kissinger: Yo creo que debería haber una tercera. El líder que hace lo que considera que es justo, pero que lo que él hace que es justo, resulta que es justo en lo que el pueblo también necesita. Yo creo que éste es el líder más importante.

Neustadt: ¿Usted cree en el hombre fuerte?

Kissinger: Yo creo que algún líder tiene que tener la suficiente autoridad, pero que también debe tener la capacidad de escuchar a su pueblo. No son incompatibles las dos caras. El futuro resulta incierto y solamente hombres fuertes pueden lidiar con un futuro que es incierto.

Neustadt: Si yo fuera presidente de los Estados Unidos y le hubiera pedido consejo al doctor Kissinger sobre cómo inventar una democracia nueva, con autoridad, y que no hubiera sabido qué hacer porque la respuesta todavía no me la dio, quiero saber si hay alguien en el mundo que está estudiando eso y lo está resolviendo.

Kissinger: En los Estados Unidos creo que tenemos bastante autoridad. Tenemos que resolver solamente el problema entre el Presidente y el Congreso, pero creo que no hay ninguna debilidad de tipo estructural en el sistema. En otros países, Europa occidental, en cambio, sí hay ciertas crisis políticas y entonces deberían ser los partidos los que se puedan ocupar del bienestar general.

Neustadt: ¿Qué hacer frente al chantaje comunista y qué hacer frente a las veleidades imperialistas que ha demostrado Cuba?

Kissinger: Yo creo que el fenómeno de la estructura cubana ahí, marchando sobre Africa, es algo que los Estados Unidos no pueden permitir. No hay ningún interés nacional que pueda reclamar Cuba en Africa. No tiene conexión histórica tampoco. Un país del Caribe mandando fuerzas expedicionarias a través de todo el mundo. Es una nueva forma de imperialismo. No puede ser aceptada por los Estados Unidos.

Neustadt: ¿Cuál sería el método más apropiado para poner fin a eso?

Kissinger: Primero, tiene que ser comprendido que sin la Unión Soviética eso no podría haber pasado. La Unión Soviética es la que apoya toda la logística y el armamento para esas operaciones. Y la Unión Soviética tiene que comprender que no puede seguir adelante con este tipo de política y al mismo tiempo mejorar las relaciones con los Estados Unidos. Yo no creo que haya alguna razón para que los Estados Unidos no puedan enfrentar el problema de una pequeña isla de nueve mil y poco de kilómetros cuadrados.

Neustadt: ¿Usted lo hubiera hecho?

Kissinger: Yo no sé lo que hubiera hecho pero lo que sí puedo decirle es que algo hubiera hecho. Nosotros tratamos y ya estábamos teniendo éxito, cuando decidimos parar, tomar las medidas para parar la intervención de Cuba en Angola, cuando fuimos frenados por el Congreso de los Estados Unidos. Bueno, la decisión que deba tomar el gobierno de los Estados Unidos es una decisión propia y yo no podría atreverme a dar asesoramiento desde acá y justamente frente a la televisión.

Neustadt: Respecto de las relaciones con China, ¿cree que pueden llegar a convivir?

Kissinger: Creo que sí, China y Estados Unidos pueden vivir juntos, porque ambos tenemos las mismas preocupaciones.

Neustadt: Por ejemplo, China y Rusia no se podían ver.

Kissinger: Sí, China y la Unión Soviética tienen sus reyertas. No creo que esas reyertas hayan sido hechas para beneficio de los Estados Unidos y creo que los Estados Unidos deben dejar que ellos diriman sus propios problemas.

Neustadt: ¿Qué lugar le da a la economía en el campo político?

Kissinger: Creo que en la fase actual del mundo, la economía es de una importancia central. La política hoy es la habilidad de los gobiernos para hacer que los pueblos tengan un status económico satisfactorio. Es muy importante para la supervivencia de ellos mismos.

Neustadt: Quiero dejar una imagen de Kissinger hombre, no de Kissinger experto, con una pregunta que siempre, desde hace diez años, me viene preocupando, mortificando. ¿Es verdad que en su despacho de la Casa Blanca el doctor Kissinger caminaba en medias?

Kissinger: No es cierto. Nunca lo escuché.

Neustadt: Cuentan que era para saber si había un clavo.

Kissinger: No, no es cierto.


Video: Henry Kissinger en Tiempo Nuevo, 1992.
Bernardo Neustadt

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lunes, 1 de mayo de 1978

ENTREVISTA A TERENCE TODMAN - 1978

REVISTA EXTRA - AÑO XIV - Nº 155 - MAYO 1978
TODMAN: EL ALMA BLANCA
Entrevista a Terence Todman

En el mismísimo Departamento de Estado, en Washington, Bernardo Neustadt entrevistó a Terence Todman, secretario adjunto para Asuntos Latinoamericanos, a pocas horas de que el mundo conociera un trascendido: Todman abandonaría el cargo en meses más para ser embajador de los EE.UU. en España. Sintetizamos aquí el reportaje que fue televisado en el programa "Capítulo Aparte", que se emite por Canal 11, los lunes de 22 a 23, y damos las respuestas clave de este hombre de color que tiene el alma blanca (¿se acuerdan de Al Johnson?).

"Nadie que me conozca me acusaría de blando"
"He logrado formar un equipo que sigue la misma línea"
"Para nosotros la Argentina es muy importante"
"El problema de los derechos humanos nos interesa mundialmente"

Bernardo Neustadt: Usted sabe que toda esta audiencia que lo está viendo, en estos días se sintió un poco compleja y entristecida porque empezaron a circular rumores sobre su alejamiento de un cargo donde todos nosotros pensamos que usted era muy útil a América latina. No le decimos que nos pusimos a llorar, pero... que nos inundó de tristeza... ¿Es verdad que se va?

Terence Todman: Bueno ya, eso sería mucho decir, pero al aceptar este cargo, hace casi año y medio ahora, dije al secretario Vance que me gustaría por razones personales que fuera por un tiempo limitado. El lo aceptó y por lo tanto traté durante mi estada aquí de hacer lo máximo posible, de trabajar muy duro durante este tiempo para fijar las líneas positivas que necesitamos para las buenas relaciones entre los Estados Unidos y los países de América latina. Ya he estado aquí por más tiempo que la gran mayoría de mis predecesores y creo que dada la importancia que el presidente Carter y el secretario Vance dan a América latina y a que he logrado formar un equipo que sigue la misma línea, ya puedo salir, sabiendo que he hecho un trabajo, he comenzado algo que está en buena vía, y cuando aprendí que existe una posibilidad de entrar en otro campo, en otra área, tratar con otros problemas que también son importantes y que me darían la posibilidad de comenzar en una nueva área, pues eso era algo que me interesaba y yo pedí que me acordaran la posibilidad de ir. El presidente y el secretario querían que me quedara porque están muy satisfechos del trabajo que he hecho; ellos saben que bajo mi dirección hemos podido establecer una línea correcta de nuestra política, pero como ya se habían comprometido, aceptaron. Pero eso no es para mañana.

Neustadt: Embajador, usted usó la palabra "yo trabajé duro"; la idea es que usted está acusado de blando y de moderado.

Todman: No, yo no creo que nadie que me conozca y que tenga integridad moral e intelectual me acusaría de ser blando; lo que sí soy, es alguien que respeta los derechos y la dignidad de otras personas. Tengo mis propias ideas y estoy dispuesto siempre a expresarlas. La cuestión de derechos humanos, que hemos discutido tanto, ha sido mi vida y yo no quiero que se ridiculice, porque es demasiado importante y tenemos que manejarla de una manera que nos permita lograr los objetivos de promover la dignidad y los derechos del hombre; y cuando pedimos cosas que no se pueden realizar, y lo sabemos, ya no hay tranquilidad y así perdemos. Y eso sería una pérdida demasiado grande para el mundo.

Neustadt: Comparto absolutamente su pensamiento y creo que siempre lo exagerado conduce al ridículo.

Todman: Exactamente.

Neustadt: Y las grandes ideas pueden morir ridículas.

Todman: Exactamente, y esto es lo que yo no quiero ver.
La política de derechos humanos surge del pueblo norteamericano y por ella hemos luchado toda nuestra vida; no es algo de ayer, no de este presidente, no de un grupo que pude pensar que ha inventado algo. Es algo fundamental de la vida.

Neustadt: Hace pocos días el presidente Carter estuvo en Venezuela y en Brasil, no es problema de celos, pero... por la Argentina no pasó y ya van varias veces que se "amenaza" con ir a la Argentina y no lo tenemos al presidente Carter. ¿No es importante la Argentina para el presidente Carter?

Todman: La Argentina es muy importante, pero usted sabe que cuando preparamos una visita para el presidente siempre tenemos un tiempo muy limitado y no es posible que en una sola gira pueda visitar todos los países. Esta vez ya tenía esos dos compromisos que quería cumplir. Pero para nosotros Argentina es muy importante, y usted se acuerda que, durante el encuentro entre el presidente Videla y el presidente Carter, no hubo ningún problema en acordar que el secretario Vance fuera a la Argentina lo más pronto posible, y así lo hizo y yo lo acompañé.

Neustadt: De pronto, en América latina, se dijo que la violencia era producto del subdesarrollo, que no teníamos estilo político, que no teníamos democracia, y, de algún modo, ahora Europa siente, no solamente a través de Aldo Moro sino del propio barón Bracht, que ha sido asesinado -Europa, una sociedad culta políticamente, altamente civilizada y tecnificada-, el impacto del terrorismo. Y ahora veo que el mundo dice: ¡¡ah!!, entonces ya no era un problema de subdesarrollo. Yo le pediría, señor Todman, con todo respeto, que usted me diera su juicio sobre el tema Aldo Moro, sobre cómo le cae a los Estados Unidos, cómo visualiza ahora el problema que hemos tenido los argentinos. Tuvimos un general que se llamó Pedro Eugenio Aramburu, presidente de la Nación, que padeció el drama de Moro. El mundo nos miraba como diciendo: no, esto es una cosa de allá, del final del mapa, no puede ocurrir en los países civilizados. ¿qué nos dicen ahora?

Todman: Nosotros sabemos que el terrorismo no es una cuestión de subdesarrollo. Hay muchos tipos de personas que son terroristas, hay muchos motivos para el terrorismo. Algo que nos preocupa muchísimo, en los Estados Unidos, es el crecimiento de esa tendencia hacia el terrorismo en el mundo entero y estamos considerando qué medidas podemos tomar para colaborar internacionalmente contra el terrorismo. A la vez sostenemos que si en el país hay desarrollo y más que desarrollo la posibilidad para que la gente participe en el gobierno, en las decisiones, de expresarse libremente, de participar de los recursos y los bienes del país, no estará dispuesta a recibir y a proteger a los terroristas. Eso no significa que se va a eliminar al terrorismo, pero éste sería mucho más aislado. Cuando una población no ve la posibilidad de realizarse, de participar en su gobierno, de vivir en paz, entonces está más dispuesta a prestarse a cualquier acto de violencia, por frustración, porque no ve otra salida.

Neustadt: Embajador, nosotros en la Argentina padecimos toda clase de argumentos. Primero porque no había democracia, después hubo democracia. Después era porque no estaba Perón, después porque estuvo Perón. Después era porque no le gustaba la política económica, se modificó la política económica. Es decir, yo veo que los terroristas -le quiero aclarar que tengo un profundo respeto por las ideas- son mesiánicos de la muerte.

Todman: Sí, sí, eso lo hay también. Y cuando hablamos de terrorismo puro, es algo que tiene que cambiarse totalmente por otras medidas. Pero lo que ha pasado en algunos países es que ha habido personas que han querido expresarse, que han querido participar y no lograban hacerlo y, entonces, esta situación se convirtió en una fuente de actividades contra el gobierno. Cuando la respuesta del gobierno no es tratar de remediar la situación, de solucionar los problemas, sino de tomar acciones represivas contra el grupo, pues eso empeora la situación.

Neustadt: Claro, mi preocupación es que ellos inventan a cada rato nuevas razones. Mire, Alemania, una sociedad democrática. La gente tiene un buen standard de vida, uno de los más altos... y sin embargo tienen terrorismo.

Todman: Sí, sí...

Neustadt: Italia...

Todman: Sí, ¿pero en qué proporción, comparativamente?

Neustadt: ¿No tienen?

Todman: No, sí, sí, hay...

Neustadt: Italia, una vida democrática, donde inclusive Aldo Moro hace lo posible para que se introduzca en el poder el Partido Comunista. Y sin embargo, mire la suerte de Aldo Moro. Es decir, yo tengo miedo que nosotros, que somos hombres de la ley, estemos tratando de buscar los argumentos para justificar, a través de la pobreza o de la falta de participación, a los que yo, sigo insistiendo, digo que son delirantes de la muerte.

Todman: En algunos casos sí, estoy completamente de acuerdo y lo que tenemos que hacer es eliminar las otras causas. Cuando lo hayamos hecho, vamos a poder ver más claramente que estamos tratando solamente con ese grupo que usted describe, y entonces las medidas a tomar serían más efectivas, porque en ese momento también tendrán el apoyo de todo el pueblo.

Neustadt: De pronto en un decálogo usted marca que no puede haber lo que llama la "selectividad moral". Este terrorismo es bueno..., este terrorismo es malo..., la falta de derechos que hay en los países comunistas no se toca..., esta falta de derechos que pueda haber en los países latinoamericanos sí se toca. Es decir, allá donde tenemos intereses no nos ocupamos de derechos humanos, donde no tenemos intereses sí nos ocupamos... Un comentario suyo.

Todman: No, nos ocupamos, debemos ocuparnos en todos los lugares. Las medidas que podemos tomar dependen de las relaciones que tenemos con los países. Si tenemos relaciones militares o económicas, podemos jugar con eso cortándolo, reduciéndolo, parándolo. Cuando no tenemos ninguna relación no podemos mostrar nuestro sentimiento cortando lo que no existe. Entonces, en muchos casos, estamos obligados a hablar en público porque no hay otro remedio. En la mayoría de los casos empleamos conversaciones diplomáticas, privadas, para ver si con eso podemos llegar a un entendimiento que resulte en una mejoría. Si se produce, no hay la necesidad de pasar a algo público o a algo más fuerte. Muchas veces lo logramos con sólo esas conversaciones, y la gente no se da cuenta que estamos haciendo las mismas presiones pero en privado. Algunos ven solamente lo que sale a la luz y juzgan solamente por eso, pero eso no implica que son las únicas cosas que estamos haciendo.

Neustadt: Pero...

Todman: Pero hay una segunda consideración también, y ésa es que la relación, nuestras relaciones con cada país, es un complejo de muchas consideraciones, incluso incluye nuestra propia seguridad. Estamos viviendo en un mundo de realidad y tenemos que tratar en nuestras relaciones sobre esa misma base.

Neustadt: La sensación que podemos tener, a veces, es que puede haber un juicio muy duro del gobierno norteamericano para Chile o para Uruguay, pero que en realidad puede estar dirigido a Rusia.

Todman: El problema de derechos humanos nos interesa mundialmente y tomamos esa posición hacia todos los países; como le dije, hay distintas manifestaciones y usted mencionó la cuestión de relaciones entre amigos y enemigos. Nosotros sabemos que los países de América latina son nuestros amigos, han dado prueba que nos interesa más trabajar con ellos, cooperar para que retornen a las líneas fundamentales, que nosotros sabemos son importantes para esos mismos pases. Su gente cree en eso; han habido por unas u otras razones desviaciones momentáneas y nosotros queremos cooperar con nuestros amigos para que retornen a esa línea. Con nuestros enemigos ya sabemos que no hay posibilidad, porque existe ese conflicto ideológico y no hay posibilidad de ponernos de acuerdo.

Neustadt: He hecho catorce mil kilómetros y estoy felicísimo de haberle conocido aquí y de haberle escuchado, usted es un hombre libre y a mí me encanta hablar con los hombres libres.

Todman: Muchísimas gracias...

Neustadt: Lamento que se vaya del cargo, le confieso.

Todman: Muchas gracias, pero estaré por algunos meses más.

Neustadt: Yo le haría una invitación: ¿no quiere venir a ver el Mundial a la Argentina?

Todman: Me gustaría mucho; si lo puedo poner en mi programa, con mucho gusto.

Neustadt: Póngalo, es un mesesito nada más...


Decálogo de conducta - Autor: Todman
Para la aplicación de la política de derechos humanos de Estados Unidos hacia América latina

- Debemos evitar hablar sin conocer todos los hechos, o sin calcular la correspondiente reacción o respuesta a nuestras iniciativas.

- Debemos evitar esperar que todos los gobiernos registren, de un día para otro, cambios fundamentales en sus sociedades y prácticas.

- Debemos evitar creer que podemos tratar sobre un tema aisladamente, sin considerar las consecuencias sobre otros aspectos de nuestras relaciones.

- No debemos pensar que sólo la oposición dice la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, acerca de las condiciones imperantes en un país.

- No debemos presumir saber más acerca de otra sociedad que sus propios ciudadanos y evitar creer que podemos prescribirles cuáles deben ser sus acciones.

- Debemos evitar castigar a los pobres y ya sufridos (seres humanos) negándoles asistencia para mostrar desagrado de nuestra parte a sus gobiernos.

- Debemos evitar apuntar a algunos y no a otros. La moralidad selectiva es una contradicción en término.

- Debemos evitar condenar todo un gobierno por cada acto negativo de uno de sus funcionarios.

- Debemos evitar presentar países enteros al ridículo embarazo público, pisoteando su dignidad y orgullo nacionales, y

- Debemos evitar preocuparnos en declarar la bondad de nuestro curso en tanto nos haga perder de vista nuestro objetivo: aliviar el sufrimiento individual.
Bernardo Neustadt

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viernes, 1 de julio de 1977

ENTREVISTA A JORGE RAFAEL VIDELA - 1977

REVISTA EXTRA - AÑO XIII - Nº 145 - JULIO 1977
EL PRESIDENTE VIDELA CONTESTA
Entrevista a Jorge Rafael Videla

En los últimos 30 años pocas veces los analistas de la política argentina han tenido tanta oportunidad de conocer “mano a mano” lo que piensa un presidente de la República como desde que asumió la Jefatura del Estado el teniente general Jorge Rafael Videla. Pocas veces, también, la transparencia ha sido tan intensa en esa alta latitud. Frecuentar el Poder es siempre delicado. Frecuentarlo y hacer coincidir el Poder con la Realidad es la sensación que se tiene cuando uno termina de oír o de hablar con el presidente Videla -acaso uno de los argentinos que mejor sabe escuchar-, porque no hay tapujos, ni temas tabúes, y, vitalmente, existe el horizonte más que el ayer. Al cumplirse 12 años de la vida de EXTRA quisimos conocer cuatro juicios sobre la Argentina-hoy. Y formularnos nuestras abiertas preguntas y recibimos estas totales respuestas del presidente Videla:

Extra: ¿Tiene remedio la Argentina?

Jorge Rafael Videla: No me cabe la menor duda que nuestro país tiene todas las posibilidades como para superar las difíciles circunstancias por las que atravesó los últimos años. Utilizando los términos de su pregunta, diría que siempre el país, desde que es tal, ha tenido remedio. En la actual coyuntura, y analizando las experiencias del pasado, estimo que el remedio consiste en vertebrar una Propuesta de Unión Nacional, cuya resultante ha de ser, necesariamente, la convergencia de civiles y militares en torno de un quehacer común.

Extra: 500 días después, ¿cuáles son las mayores dificultades que enfrenta el presidente de la República?

Videla: Toda acción de Gobierno importa la superación de obstáculos, propios de las modificaciones que es necesario realizar, de la obtención de los recursos de que se deben disponer, y de la concreción de realizaciones. En tal sentido, las dificultades son de una adversidad que se corresponde con la dinámica misma del accionar gubernamental. Pero, en síntesis, podríamos decir que los mayores esfuerzos están centrados en superar la coyuntura económica, que, como es lógico, incide inmediatamente en el plano social, así como en los aspectos tecnológicos y de infraestructura que el país requiere para un sostenido desarrollo. Por otra parte, la marcha iniciada por el Gobierno de las FF.AA. a partir del 24 de marzo de 1976 no ha sido la que habitualmente debe desplegar el Ejecutivo en el desarrollo de un plan de gobierno. Las inéditas condiciones de desorganización, desmoralización y auge de la subversión, que debimos enfrentar, señalan un plexo de problemas a resolver que, como digo, superan las circunstancias que habitualmente debe encarar el Estado. Pero el Proceso de Reorganización Nacional no se agota, ni satisface sus propósitos en una acción de reordenamiento económico, social e institucional. Las altas miras están puestas sobre la base de ese imprescindible reordenamiento, en hacer posible y real la revitalización de las instituciones y del funcionamiento político del país a partir de la instauración de una democracia verdadera y estable. A ello apunta la Propuesta de Unión Nacional que hemos anunciado y el diálogo que hemos de instrumentar con personalidades representativas de la República, a efectos de viabilizar dicha propuesta. Debemos comprender que todo ello importa un considerable esfuerzo de realizaciones, de logros materiales y de legítimas conciliaciones que no admiten postergación.

Extra: ¿Cuáles son entonces las mayores dificultades que posee este Gobierno?

Videla: Yo diría que la mayor dificultad, que no se lamenta ni se soslaya, está en la urgente tarea de recuperación que el país todo reclama. Es ésta, por otra parte, una misión, que si bien ha sido asumida en la mayor responsabilidad de la conducción de las FF.AA., involucra y compromete a todos los argentinos por igual. Pero si fuéramos a hacer un juicio no optimista de esta realidad, podríamos decir que una dificultad, si lamentable, es la prevalencia de los intereses sectoriales de quienes aún no han comprendido la coyuntura histórica por la que la Nación atraviesa, y anteponen las ambiciones y la búsqueda de los beneficios particulares por sobre la suerte de la Nación y el beneficio del país como unidad.

Extra: ¿Es el argentino un pueblo ingobernable?

Videla: El pueblo argentino no es ingobernable. Cuando el país ha requerido un gobierno capaz de producir las transformaciones que la hora imponía, los gobiernos que asumieron el poder contaron con un concenso que, evidentemente, señalaba la disposición de la ciudadanía a colaborar con las nuevas autoridades. Pero, seamos claros, ello no supone pasividad ni indiferencia de nuestro pueblo. Refleja, sí, una conciencia política y social acorde con el nivel cultural de la Argentina, que ningún analista ni hombre público puede ni debe desconocer. Argentina tiene una composición social y política sumamente rica, por no decir compleja. Tiene una historia plena de matices, de gran diversidad. Aquella composición se corresponde con la intensidad de su temperamento y con la calidad de sus recursos humanos y materiales. Considerando y teniendo en cuneta la naturaleza de nuestro pueblo, se trata entonces de aportar ideas claras, concisas y con fundamento, que sean posibles de concitar auténticas adhesiones. Cuando un gobierno explicita sus propósitos con sinceridad, y éstos están enraizados en los legítimos deseos y necesidades de la ciudadanía, no hay pueblo ingobernable. Las circunstancias que dieron lugar a que las FF.AA. debieran, inexcusablemente, ocupar el vacío de poder y recuperar para la Nación el orden, la moral pública, la seguridad interior y la estabilidad económica, fueron plenamente comprendidos por el pueblo, y compartidos los fundamentos y propósitos de este Proceso. Por otra parte, las ideas que este Gobierno habrá de explicitar a efectos de instrumentar la Propuesta de Unión Nacional también merecerán la comprensión y la adhesión de la ciudadanía harán posible la revitalización de las instituciones que el país necesita.

Extra: ¿Cómo vive Ud. esa suerte de curiosa acusación de que “no le gusta el poder”?

Videla: El ejercicio de la Presidencia de la República implica un alto honor y una gran responsabilidad. Durante el transcurso de mi carrera militar siempre tuve la aspiración de ser útil a mi Patria y al Ejército. Esa misma aspiración anima la misión que como gobernante estoy cumpliendo por mandato de las FF.AA. La identificación con el papel que las FF.AA. me han asignado importa una legítima satisfacción, que no debe confundirse con el goce personal en el ejercicio del poder.
Bernardo Neustadt

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